“Ningún hombre conoce lo malo que es hasta que no ha tratado de esforzarse por dejar de serlo”. Clive Staples Lewis.
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miércoles, 27 de marzo de 2013

LOVE BITE (2012)



Dir. Andy De Emmony

Del Reino Unido nos viene otra comedia juvenil con licántropos. En “Love Bite” Ed Sleepers es Jamie, un pobre chaval que regenta un hotel de mala muerte y que, al igual que sus amigos nerds, desea perder la virginidad a toda costa. Por otro lado tenemos la visita de una especie de cazador de hombres lobo llamado Sid (Timothy Spall) que llega al pueblo ante la continua desaparición de jóvenes, y la de una misteriosa y atractiva chica estadounidense llamada Juliana (Jessica Szohr), de la cual Jamie se enamora perdidamente. Para complicar la cosa un poco más, los licántropos de la película sólo se alimentan de vírgenes, por lo que Jamie y sus colegas tendrán otra razón extra para perder el virgo lo antes posible.
La verdad es que esta mixtura de comedia teen y hombres lobo no acaba de funcionar y todo ello viene propiciado por un guión escrito a golpe de gags reiterativos y algo torpes. Tampoco salva la función el hecho de que en la película participe el siempre eficiente Timothy Spall u otro veternao como Robert Pugh, o que se haya aprovechado la presencia de la bella Jessica Szohr (que ya había lucido palmito en “Piraña 3D” de Alexandre Ajá) para darle un toque más internacional a este modesto film inglés. En “Love Bite” hay demasiados ratos muertos y la música (que viene a cargo de Nick Green) es del todo aborrecible por lo que, tras poco más de media hora, a uno le da la impresión que está perdiendo el tiempo con un subproducto de tres al cuarto.


Sin embargo, todo hay que decirlo, el diseño de los hombres lobo de la película es mucho mejor de lo que cabría esperar (aunque se tiende a ocultar a la bestia con planos cortos y no mostrarla con total claridad) y éstas deparan un momento del todo memorable en una última y sorprendente escena de sexo (así un pelín explícito) entre licántropos.

lunes, 25 de febrero de 2013

DOG SOLDIERS (2002)



Neil Marshall, director de algunas de las propuestas más estimulantes de los últimos años, véase “The descent” o “Centurión”, debutó en el largo con esta interesante cinta de hombres lobo ambientada en los frondosos parajes de Escocia. “Dog soldiers” nos cuenta las peripecias de un grupo de soldados que, mientras deambulan haciendo prácticas militares por el bosque, descubren a un alto cargo gravemente herido y al resto de sus hombres totalmente destripados. Según parece un grupo de hombres lobo deambula por la zona y para colmo hay luna llena.
Tal y como se ha repetido hasta la saciedad "Dog Soldiers" contiene homenajes a "Posesión Infernal", "La noche de los muertos vivientes", "Depredador" y esos hombres lobos gigantes no dejan de tener un aura muy a lo "Aullidos". También tenemos una rápida recuperación de los personajes atacados y heridos por los licántropos, algo que no es nada original - sólo necesitamos ver "Eclipse total" o "Lobo" para comprobarlo -, aunque en este caso tiene un toque más paródico al tener como telón de fondo una de película de guerra... ¿Quería reírse Marshall de los milagros que a veces se ven en este género? Si tenemos en cuenta que en "Dog Soldiers" se le meten las tripas (que por cierto, parecen un montón de chorizos para el potaje) al personaje encarnado por Sean Pertwee y que después le tapan la herida con grapas, y que éste, poco a poco, comienza a sentirse mejor y más fuerte, nuestras sospechas acerca de que Neil Marshall es un guasón de mucho cuidado se hacen más que palpables. 

Sin embargo a esta película con hombres lobo cabezones se le acaba la mecha demasiado rápido y únicamente funciona para pasar el rato. Para disfrutar del excelente diseño de las bestias y partirte el culo con algunos momentos y diálogos que demuestran el sentido del humor tan socarrón que tiene el amigo Marshall. 
"Dog Soldiers" podía habernos ofrecido mucho más y ese es posiblemente su mayor handicap. Aún así, de momento tiene en marcha una secuela llamada "Dog Soldiers: Fresh Meat" y una web serie llamada "Dog Soldiers: Legacy" de la que existe un teaser y que en estos momentos parece estar en stand by. Eso si, en ambos proyectos no creo que vayan a volver a contar con Marshall entre sus filas (o al menos a día de hoy). De momento lo único tangible que ha surgido a raíz de esta cinta es la inefable "13 Hrs" (aka "Night Wolf"), un pestilente film de hombres lobo producida por uno de los productores de "Dog Soldiers" (y que mirando en imdb.com no he sabido averiguar de quien se trata), así que será mejor no depositar demasiadas esperanzas en ellas...

martes, 3 de julio de 2012

13 HRS. (AKA NIGHT WOLF) (2011)



Dir. Jonathan Glendening.

Sarah (Isabella Calthorpe) vuelve a su antiguo hogar después de muchos años. Una vez llega se percata que nada parece haber cambiado: su padre sigue amargado por las deudas y sus hermanos y amigos, siguen siendo unos estúpidos irresponsables cuya principal meta es drogarse y fornicar todo lo que puedan. Su madre, por otro lado, separada desde hace años del padre de Sarah, también llegará a casa durante esa noche cargada de misterios.


Piensen bien en ello, una casa en mitad del campo, una noche, un grupo de chavales y un hombre lobo. La cosa pintaba bien, pero esta vez ni el escaso presupuesto ni el guión consiguen llevar a buen puerto esta excelente premisa. Y es que todo en Night Wolf (o 13 Hrs.) es más que predecible y está cargado de estúpidos clichés. Que si los jovencitos fuman porros y beben, que si les entran las ganas de follar cuando van a morir, que si ahora meto una torpe intriga para dar la sorpresa al final. ¿Sorpresa? ¡Qué sorpresa, por favor! Supongo que al leer la escueta sinopsis con la que hemos empezado, más de uno sabrá quien es el hombre lobo de la película. ¿O debería decir la mujer lobo de la película? Si amigos, pero no sólo una licántropa aparecerá en este film, sino dos y además mantendrán una “intrépida” lucha final.


Una vez expuesto que en esta “Night Wolf” la cosa no funciona muy bien y que se quedan a medias en todo (no hay apenas violencia, nada de tetas [pese a que algo de sexo hay] y es tan políticamente correcta que vergüenza da en algunos momentos), vayamos directos al grano y centrémonos en lo que nos interesa, los licántropos. Pues bien, como era de esperar no conseguimos ver al alobado en cuestión hasta el final de la película. Si, ya sé, el presupuesto no da para tirar cohetes y hay que evitar derrochar la pasta todo lo que uno pueda, pero claro, luego llega la aparición del lobo humano y la tragedia cobra dimensiones desproporcionadas. Y es que porque sabemos de antemano que la película va de hombres lobo - hasta uno de los protagonistas define al monstruo como un enorme “perro rabioso" - porque si no es por ello ¡quien iba a decirnos que lo que estamos viendo es un hombre lobo! Para empezar, el ejemplar que aparece en el film no tiene ni un solo pelo por el cuerpo. Pero no sólo eso, una vez la persona maldita recobra su forma humana comprobaremos que, por arte de magia, ha perdido toda el pelo de la cabeza (que no de las cejas y, suponemos, de las zonas más íntimas [eso hubiera estado bien, eh… Imaginen que se quede calva pero que el bello púbico permanezca intacto, una pena que hayan sido tan cobardes a la hora de enseñar carne]. También comprobaremos que gracias a una mordedura de licántropo uno se recupera más rápidamente de las heridas y que se vuelve mucho más ágil. Sólo eso, pues como hemos apuntado, todo resulta bastante pobre. Pobre en presupuesto (algo que en realidad, no tiene porque importar), en intenciones y en ideas. Una lástima. 


sábado, 10 de diciembre de 2011

EL CLUB DE LOS MONSTRUOS (1981)


Dir. Roy Ward Baker.

Roy Ward Baker, director cuya carrera se vio estrechamente ligada a la Hammer con joyas como Kung fu contra los siete vampiros de oro, Las cicatrices de Drácula o Dr. Jekyll y su hermana Hyde, también tuvo algo de que ver con la productora rival de ésta, la Amicus, ya que en 1972 dirigió bajo su sello Refugio macabro y en 1980 realizó la primera película producida por Milton Subotsky tras la muerte de la Amicus Productions, y cuyo nombre es El club de los monstruos.


Dicha película cuenta tres historias de terror diferentes que están basadas en los relatos de Ronald Chetwynd-Hayes recogidos en su libro homónimo The Monster Club. Con ella, Subotsky intentaba recobrar el espíritu de terror de la mítica productora y darle un aire renovado interconectando los cortos de terror con unos temas musicales más actuales de grupos como Night, The Pretty Things, Brian A. Robertson o UB 40, obteniendo unos resultados de lo más irregulares. Y es que, si bien las canciones son de una calidad indudable, todos están filmados de una manera tosca, pobrísima y sin ningún atisbo de originalidad salvo, quizás, el tema de The Stripper Song de Night, en el que veremos un striptease con final “sorpresa” recreado mediante animación, y que, si lo comparamos con el Sucker for your Love entonado por Brian A. Robertson, rodado en un solo plano lleno de zooms sin sentido, nos parecerá una master piece.


Pero bueno, dejando de lado los momentos musicales del film que resulta más que obvio que son lo menos interesante, habría que centrarse en las historias de terror que un cortés vampiro encarnado por el mítico Vincent Price le cuenta a John Carradine. Tres historias de lo más variopintas y que giran en torno a un árbol genealógico encabezado por los tres monstruos principales del imaginario popular: el vampiro, el hombre lobo y el fantasma.


La primera historia, se podría decir que la más floja de todas, nos relata el intento de robo de una mujer a un misterioso anticuario (mitad licántropo, vampiro y fantasma), cuyo silbido mortal resultará el arma perfecta para llevar a cabo su venganza. La segunda, presentada en el disco-club por un productor de cine llamado Lintom Busotsky, en clara referencia al propio productor de la cinta, trata sobre una familia de vampiros que se verá perseguida por una especie de Van Helsing encarnado por Donald Pleasence y que resultará la única de las tres historias adornada con unas notas de humor bastante socarrón. Por último, en la tercera historia, la más conseguida de todas, un director de cine encarnado por Stuart Whitman buscará algunos exteriores para su película de terror e irá a parar a un pueblo habitado por unos misteriosos encapuchados zombificados que parecen salidos de El último hombre… vivo (The Omega Man, 1971) de Boris Sagal, que impedirán que se marche del pueblo.


El bueno de Subotsky.
Si bien parece que la película no consigue encontrar una línea definida, - las “psicodélicas” escenas de la discoteca brillan por ser precariamente chapuceras (el maquillaje de los monstruos, sin ir más lejos, parecen simples caretas de pega) -, habría que (saber) reconocer cierto merito al menos en la ambientación de las historias de terror y el esmero que Roy Ward Baker pone en cada una ellas. Así pues, la desgana que se percibe durante los momentos “discotequeros” en los que Vincent Price y un desmejorado John Carradine (con las manos deformadas por la artrosis) hacen lo que pueden, eclipsan los aciertos casuales (o no) que pudiéramos encontrar durante los tres cortes terroríficos. Es por ese motivo que ni el director, ni su plantel de viejas estrellas consiguen sacar adelante una película ya de por sí demasiado difícil. De ahí la suerte que corrió comercialmente y como Subotsky tuvo que abandonar su intento de retomar las películas de episodios de la Amicus con el rabo entre las piernas. Puede que el terror de aquella época, más abocado al slasher que a las historias clásicas de miedo con vampiros, hombres lobo y fantasmas, hicieran que El club de los monstruos fracasara estrepitosamente y que su exquisito mensaje final, mostrando al ser humano como el monstruo más sanguinario de todos, no sorprendiera a nadie. ¿A caso Viernes 13 [Sean S. Cunningham, 1980] o La noche de Halloween [John Carpenter, 1978] no nos habían mostrado ya de que eran capaces los hombres?




En lo que respecta a los hombres lobo... La única incursión propiamente dicha que encontramos en la película es en mitad del guateque... donde, de refilón, aparece uno, ¡con gafas y pajarita! 
Y eso es todo... ¡Hasta la próxima luna llena!



jueves, 23 de septiembre de 2010

Un hombre lobo americano en Londres vs Aullidos


Un hombre lobo americano en Londres por Rufus.

John Landis, conocido director de comedias como Desmadre a la Americana, Entre Pillos anda el juego o El Príncipe de Zamunda, tuvo la acertada idea de dirigir en 1981 este valioso film de hombres-lobo. ¿Y por qué llamo "valioso film" a esta película?, se preguntarán ustedes. ¿Por qué no me decanté por Aullidos? Verán, Aullidos es un maravilloso film, constituido por la dirección de un gran director como Joe Dante, con una excelente fotografía, una deliciosa banda sonora (de ambiente terrorífico y onírico) creada por Pino Donaggio (Vestida para Matar, de Brian de Palma 1980), y unos increíbles efectos especiales de Rob Bottin, - los cuales paradójicamente fueron diseñados originalmente por Rick Baker y que abandonó al estar comprometido con Landis, pasando así el encargo a su alumno (Bottin). Esos diseños derivaron en los hombres lobos de orejas largas que vimos en el film de Dante y a Baker le tocó rediseñar a la bestia.


¿Qué se puede decir, en el caso de Aullidos, de por ejemplo Dee Wallace Stone o de Robert Picardo que no sea que son unos interpretes maravillosos? O John Carradine, el padre del clan de actores, que realizó un entrañable papel para la película; o esa loba (en el doble uso de la palabra), llamada Marsha y que encarnó Elizabeth Brooks. Todo estupendo, pero ahí no estiba la importancia de la película en lo que se refiere a compararla con el film de Landis. Veran, Aullidos es un film "a la antigua usanza" de terror. Utilizo este término no para hacer alusión a los clásicos de la Universal como The Wolfman (George Wagner 1941) con Lon Chaney Jr, o el clásico de la Hammer La Maldición del Hombre lobo (Terence Fisher 1961) interpretada por Oliver Reed. Utilizo el término a la "antígua usanza" porque Aullídos es una película en la que al comenzar tiene un ambiente que es sin duda de puro terror, posee unos personajes perfectamente estructurados de manera que sabemos qué función tienen cada uno y el perfil que estos poseen (desde el malvado licántropo hasta el bueno de la película). Es una película de terror en el sentido estricto de la palabra; dándonos a veces ese agradable sabor que tuvieron los tebeos de la E.C, pero hecho para un público conocedor de este género que ya ha madurado y conoce a este tipo de monstruos. Si me permiten la expresión, Aullidos es como si se tratase de un largometraje de "Tales from The Crypt" con un buen presupuesto y con un guión menos canalla y más chicha.


John Landis, por su parte, acostumbrado a la comedia, logró con esta película acercar a la vida real y/o cotidiana los monstruos clásicos. ¿Qué ocurriría si un hombre con los dientes como patatas fritas se nos acerca haciendo "uuuuuhhh-uuuuuh!!!" hacia nosotros? Pues la reacción más natural sería mandarlo a paseo o reírnos de él. Pero qué ocurre realmente si ese de los dientes es un monstruo de verdad, ¿cómo lo recibimos, como actuamos? Sólo Landis pudo hacer eso, es decir, él fue capaz de hacer que funcionase la existencia de lo irreal en el mundo real de un modo excelente. Nos hizo plantearnos situaciones terroríficas como si esos monstruos existieran de verdad...

¿Da demasiada risa para que de miedo o da demasiado miedo para que risa? El horror de lo sobrenatural irrumpe en la vida de dos amigos universitarios que son carne y uña. Ambos están haciendo ese tipo de viajes que tanto les gusta hacer a los universitarios: a la aventura y descubriendo mundo. Aunque en este caso por las profundas zonas de la Inglaterra rural. Como amigos que son hablan de cosas cotidianas (charlas que cualquiera de ustedes mantendrían con su amigo del alma si estuvieran dando un paseo). En este caso Jack Goodman (interpretado por el genial Griffin Dune) le cuenta a su mejor amigo David Kessler (David Naughton) lo mucho que le gustaría acostarse con Debbie Clane, su amor platónico desde la infancia. Agasajados por el frío y por el hambre llegan a un pub donde no son recibidos con amabilidad (debido a razones que ustedes tienen que imaginarse perfectamente). A pesar de ello les dejan pasar, y Jack y David se preguntan porqué hay un extraño símbolo de protección en la pared del pub (llegando ha hacer algunas elucubraciones sobre símbolos de protección para hombres lobo, como le dice Jack a David haciendo alusión al El Hombre Lobo de Lon Chaney Jr y la marca del hombre lobo que lucía en el film). Más tarde acaban saliendo del pub y se desvían de la carretera llegando a perderse por los páramos a pesar de los avisos de la gente del pueblo [*]. Pero, ¿quien de jovencito no ha hecho caso omiso a las advertencias de peligros y ha actuado como si tuviera toda una vida por delante?

Jack es brutalmente atacado por un lobo enorme el cual deja un cadáver destrozado y sanguinolento. Esta es otra escena que Landis hizo con mucho ojo, pues si en la vida real puede llegara a ocurrir esto, es muy probable que el otro amigo instintivamente huya (aunque a mitad se arrepienta y vuelva a socorrerlo cuando ya es demasiado tarde). Así pues, David es atacado de nuevo por la bestia y consigue salvarse cuando la gente del pueblo la abate a tiros, resultando (SPOILER) ser que el licántropo era en realidad el pastor que les lleva en su camión de ovejas hasta el pueblo donde transcurre todo (una extraña simbología donde el lobo es a la vez el que protege al rebaño). Durante ese estado de convalecencia, David está siendo atendido por médicos y enfermeras, y mientras permanece en su estado de semiinconsciencia comienza a fundir las palabras de estos con los hechos acontecidos en una serie de sueños extraños y pesadillas (muy simbólicas, sobretodo una vez se ha visto el film). Seguramente que después de haber tenido un trauma, nos ocurriría algo parecido. ¿Es perfectamente normal, no? David allí conoce a una enfermera; la enfermera Alex interpretada por Jenny Agutter (La fuga de Logan, 1977), con la que entabla una estrecha relación. De hecho le hace mucha compañía y le lee "Un Yanki en la Corte del Rey Arturo"… cosa bastante curiosa pues este libro se podría incluso entender irónicamente como una versión terrorífica del título que reza el mismo nombre del film.


Durante la película a David se le aparece de una manera fantasmagórica, o mas bien terrorífica, como si de un muerto viviente se tratase, su mejor amigo Jack. Pero no se le aparece de una manera clásica, con una voz de ultratumba y haciendo aspavientos. No olvidemos que hablamos del mejor amigo de David, así que lo primero que le cuenta Jack a David mientras le gorronea su desayuno (típico de amigo cuya confianza da asco), es que Debbie Clane fué a su entierro; que lloró mucho, pero se fue a buscar consuelo acostándose con un notas que ambos conocen. Landis hizo con este diálogo algo maravilloso y genial; pues no es un fantasma que viene a asustarte... Estamos frente a dos amigos que hablan de cotilleos como si nada hubiera ocurrido. Sin duda Landis demuestra fundir el terror con la vida cotidiana de una manera que funcione de manera conmovedora. Pero no todo es bonito, Jack ha venido a contarle a su amigo lo qué ocurrió de verdad y como tiene que acabar todo esto. No se lo dice para asustarlo, se lo dice porque es su amigo, lo quiere y no quiere que sufra o que haga los actos horribles a los que está destinado un hombre que lleva la marca de la bestia. ¿Pero qué puede pensar un hombre en la vida real? Sencillamente que está perdiendo la cabeza. David es un hombre joven bueno y lleno de pasiones, y asustado busca consuelo con Alex, con la que terminará teniendo una relación amorosa.
Pero Jack vuelve para continuar atormentando a David (no, atormentarlo no, es su amigo, solo lo avisa, no puede hacer más, está muerto...muerto viviente), Pero David aparte de pensar que cada vez está peor de la cabeza comienza a enfadarse con su amigo fantasma por decirle cosas que él no está dispuesto a aceptar... Alex frente a la aptitud de David piensa que solo se culpa a si mismo de lo que ocurrió (algo muy comprensivo, y muy real, pues no olvidemos que estamos hablando de una historia que ocurre en el mundo real que todos conocemos).


Pero ocurre lo inevitable; se convierte en una bestia en posiblemente la mejor metamorfósis orquestada por Rick Baker y contrastada con la versión de Sam Cooke de "Blue Moon" (muy interesante contraste; pues hasta entonces las metamorfosis de las peliculas de licántropos iban acompañadas de una música terrorífica). En Aullidos la transformación que vemos es una transformación la cual es dominada a voluntad, donde el licántropo experimenta una sensación de placer y adrenalina. Pero esta transformación es con diferencia más dramática. Hasta la fecha de entonces las transformaciones de hombre a bestia se componían a base de poner plano sobre plano hasta dar con el especto final del monstruo. En el film de Landis la transformación que vemos es una transformación en la que se plantea qué ocurriría cuando tus huesos se retuercen o tus músculos se estiran de una manera antinatural. Obviamente que te dolería de una manera espantosa... ¿Se imaginan lo que debe doler que tu tabique nasal se estire junto a tu mandíbula? Todo eso y más se ve durante esta terrorífica (y a la vista muy dolorosa) metamorfosis. Cuando David despierta desnudo en un zoo sin saber como ha llegado ahí, se encuentra para su sorpresa pletórico y lleno de energía (esto es un clásico en los licántropos, pues una vez se transforman, al día siguiente se sienten estupendamente, con un gran apetito por la comida, el sexo, etc...). Durante el transcurso de una escena él se entera de unos crímenes acaecidos la noche anterior en diversos puntos de Londres e instintivamente sabe que ha sido él. Así que intenta mantener lejos de sí mismo a Alex, pues ahora la ama y no quiere hacerle daño, solo quiere que lo detengan. De hecho intenta suicidarse no sin antes llamar a su familia de la cual solo logra hablar con su hermana de diez años en uno de los diálogos más conmovedores de la película; pues él se está despidiendo de ella y ella no le entiende.


Ahora damos con la última vez que verá a Jack el cual le cita para hablar en privado en un cine porno. Su aspecto es horrible, pero no tan horrible a como se siente David. David le pide disculpas como solo un amigo arrepentido es capaz. ¿Quien no se ha encontrado pidiéndole perdón a un amigo íntimo consciente del error que ha cometido? De nuevo Landis nos aparta del terror solo para hacernos entrar en un cotidiano diálogo de dos amigos donde uno le dice al otro el pedazo de idiota que es ("si estuviera vivo te diría que sí; que te lo dije, pero sí... te avisé... capullo"). Pero ahora Jack no está solo, le presenta a más victimas que David ha matado la noche anterior y estos le agasajan (algunos de una manera y comprensiblemente más violenta que otros), y le piden que se suicide. Tal es la tensión entre estos muertos vivientes que Jack, más descompuesto que nadie, tiene que ponerse a defender a su amigo empezando a enfadarse con algunos de los no muertos. Esta escena sería conmovedora de lo corriente que es, sino fuera porque estamos hablando de muertos vivientes condenados a caminar por la tierra hasta que el último Hombre-Lobo muera.


A mi humilde entender pienso que Un Hombre Lobo Americano en Londres es pues casi un melodrama que habla de amor y amistad. Un film que aborda como funciona lo sobrenatural en el mundo "real", utilizando como trasfondo la deliciosa música de Elmer Bernestein (Thriller, 1982), que compone una banda sonora melancólica y que nada tiene que ver con la terrorífica y (repito) onírica banda sonora de Pino Donaggio.


Aquí les dejo este video, en el que vemos la metamorfosis de la peli de Landis, pero en lugar de la canción de Sam Cooke, tiene el score original de Elmer Bernstein... Tremendo.





Aullidos por Juan Pedro Rodríguez.

Se podría decir que los 80 fue la edad dorada de los films sobre licántropos, y buena parte de culpa la tiene estas dos míticas películas que no solo pusieron de moda este género, si no que revolucionaron el mundo de los efectos especiales de una vez por todas. Rick Baker, el original encargado de elaborar los fx de la película de Dante, tuvo que abandonar Aullidos, tal y como se dice en la reseña anterior, por su compromiso con John Landis, director que venía de dirigir dos éxitos de la talla de Desmadre a la americana y sobretodo, Granujas a todo ritmo, y con el que ya había colaborado en El Monstruo de las Bananas, diseñando el gorila de la película. Así pues, le pasó algunas instrucciones a uno de sus aventajados alumnos, y de ese modo Rob Bottin, pasó a desarrollar las increíbles transformaciones que se dan durante el film (en las que incluso llegó a utilizar preservativos que al hincharlos debajo del maquillaje y los ropajes, daba la sensación de que estabamos asistiendo a mutación en vivo y en directo, y además lo más importante, todo ello sobre el mismísimo actor).


No cabe decir, que por ese motivo, por tener ese estatus de precursoras (aunque Aullidos se estrenó antes que la película de Landis), siempre haya existido cierta rivalidad entre ambas. Como todo el mundo sabrá, estamos ante dos películas de indudable calidad y con muy buenos aciertos. En el caso Un hombre americano en Londres, contamos con el ingenioso uso de la música que Landis utilizó para la película, llegando a utilizar una canción como Blue Moon de Sam Cooke, para la espectacular metamorfosis de nuestro desdichado protagonista (David Naughton), u otorgar de cierto humor algunas escenas en teoría dramáticas-terroríficas (véase cuando Naughton implora que le encierren y comienza a despotricar contra la reina y Shakespeare, o la escena en la que comienza a transformarse en un cine porno ante la atenta mirada del acomodador que, en pocas palabras, piensa que se la está cascando). Pero el principal problema que estriba la película de Landis, es que sus indudables hallazgos se quedan a medio gas. La historia, que en realidad bien podría ser la típica historia de dos amigos que se separan por una mujer, no consigue aposentarse en ningún género en concreto. La música por su parte, aún siendo original debido al tratamiento atípico (para una película de terror) que le aporta Landis, hace aguas en otros tantos, ya que, al escuchar algunas hermosas partituras de Elmer Bernestein, con ciertos ribetes dramáticos, no hacen más que descolocar al espectador. Una cosa es que suene de fondo Blue Moon en uno de los puntos álgidos de la película, todo un acierto, pero otra muy diferente es que no se pare de jugar con estas ambivalencias durante todo el metraje, ya que llega un punto en que uno no sabe exactamente como actuar ante lo que está viendo y por consiguiente, esas innovaciones fraguan estrepitosamente.


Tal es el caso de la transformación del hombre lobo, en la que muy acertadamente Landis intenta mostrárnosla en todo su apogeo (utilizando mucha luz) y con todo lujo de detalles, para más adelante meternos de sopetón a un enorme lobo cuadrúpedo en planos muy cortos y en los que canta como una almeja que se trata de una máquina en vez de la siempre caracterización del hombre maquillado de bestia que hizo grandes a películas como El hombre lobo de George Waggner o La maldición del hombre lobo de Terence Fisher. Este es sin duda un fallo garrafal, ya que, por poner otro ejemplo algo más moderno, podemos ver que en la irregular La maldición de Wes Craven, - en los que Baker también estaba a cargo de los efectos especiales - , la bestia, muy similar en su diseño al de la película de Landis, tiene mayor espectacularidad al postrarla sobre sus dos patas traseras. Por ese motivo, y sin quitarle ningún merito, pues como he dicho, los tiene, Un hombre lobo americano en Londres es bajo mi punto de vista una buena película que podía haber sido un excelente film sobre la temática licantrópica. Pero según mi humilde criterio no lo consiguió (o al menos, siendo justos, no del todo).


Por otro lado, nos encontramos con su hermana pequeña, Aullidos, (aunque como he dicho anteriormente, vio la luz un año antes). Con un presupuesto bastante inferior y bajo la distribución de la mítica AVCO Embassy Pictures, Joe Dante, otrora editor de la factoría Corman (1) y director de una de las grandes y modestas joyas de los 70, Piraña (1978), abordaría con esta película una especie de cuento violento y sexual, sobre el lado oscuro del hombre y que contaba con un guión a cargo de Terence H. Winkless y John Sayles (2), basado en una novela de Gary Brandner y que se aposenta de manera plausible sobre los cimientos del género, despertando cierta melancolía en los amantes del cine clásico de terror gracias a esa ambientación con ese bosque lleno de niebla, así como por varios guiños cinéfilos.


El caso más llamativo son los nombres utilizados para los diferentes personajes de la comuna (en realidad alobados), así como otros que pululan por la película, que son llamados como algunos directores que han llevado a la gran pantalla el mito del hombre lobo. Así pues, por ejemplo, nos encontramos con el doctor George Waggner, con un personaje llamado Terry Fisher (Terence Fisher), Fred Francis (Freddie Francis), Erle Kenton (Erle C. Kenton) e incluso aparece un personaje muy secundario llamado Jack Molina (Jacinto Molina).
El reparto nos ofrece algunas caras conocidas, tal es el caso del “vengador” Patrick Macnee, Dee Wallace (Las colinas tienen ojos de Wes Craven, 1977), que durante el rodaje comenzó una relación con el actor televisivo Christopher Stone (un relación que duró hasta la muerte del actor en 1995 de un ataque al corazón), el recientemente fallecido Kevin McCarthy (R. I. P.), Slim Pickens (Teléfono rojo: volamos hacia Moscú de Stanley Kubrick, 1964) o el gran John Carradine en un papel que sin duda aporta un punto extra al film (pues nos encontramos ni más ni menos con el Conde Drácula de The House of Dracula, esa obra maestra de la Universal en la que el Larry Talbot encarnado por Lon Chaney Jr. lograba acabar con su maldición).



Aullidos comienza como si de un sórdido thriller se tratase. Karen White (Dee Wallace), una presentadora de informativos, es acosada por un maníaco homicida llamado Eddie (un irreconocible y primerizo Robert Picardo), así que accede a colaborar con la policía y se coloca un micrófono oculto para tener una cita con él y así poder capturarlo. El lugar donde ambos quedan es ni más ni menos que un sex shop, y Dante no escatima en utilizar las luces de neón de los carteles para dotar a la escena de cierto ambiente malsano y de peligro. Entonces White se mete en una de las cabinas para comenzar a ver una cinta pornográfica. La escena está compuesta magistralmente, puesto que mientras Karen observa la película, Eddie aparecerá por detrás y comienza a transformarse en hombre lobo. Nosotros, al igual que Karen, no llegaremos a ver la transformación ya que el proyector, que está justo detrás de él, lo envuelve en un potente haz de luz. De ese Joe Dante logra un potente golpe de efecto en el espectador ya que nos mete de lleno en una escena de lo más inquietante con la única ayuda de una película porno, un proyector, una sombra que dice “date la vuelta y mírame” y nuestra imaginación. No vemos nada, pero tampoco lo necesitamos, ya que en este primer encontronazo entre la decencia y lo depravado, la imaginación del espectador juega un papel muy importante. Como habrán podido observar los que han visto la película, esta secuencia escenifica metafóricamente como el mal emerge del sexo sucio y la violencia.


Finalmente el alobado acaba acribillado a tiros y Karen sale sana y salva. Todo ha pasado y el espectador respira aliviado, Dante incluso se llega a tomar la licencia de aportar unas pequeñas gotas de humor cuando el dependiente del sex shop dice “oh, mierda… sabía que me daría problemas”, en referencia a Karen.


Karen acaba traumatizada por lo que ha “visto”, así que comienza a tener unas horribles pesadillas en las que no deja de ver la figura de Eddie envuelto por la luz que emite el proyector de cine. Así que ésta y su idílico esposo (Christopher Stone) deciden marchar a un plácido lugar aconsejados por una especie de psiquiatra especializado en el lado oscuro del ser humano, el Doctor Waggner (Patrick Macnee). En esa comuna situada en mitad del bosque se toparan con una serie de personajes de lo más pintorescos, de los cuales cabría destacar el personaje de un viejo llamado Erle, que cansado por la edad (y ya sin dientes para masticar la carne), ve como los demás, más jóvenes y llenos de energía, bailan, se divierten y se dejan llevar por el juego del amor (y el sexo), así que de ese modo, empujado por un halo de melancolía intenta suicidarse, pero rápidamente los demás miembros de la comuna le impiden que lo haga, diciendo a Karen y a su marido que al viejo Erle se le va a veces la cabeza.


También nos encontramos con la morbosa Marsha (Elisabeth Brooks), una preciosa mujer no exenta de cierto aspecto primitivo y feroz que pronto comenzará a acechar al marido de Karen, un tipo aparentemente correcto y fiel (y vegetariano), que poco a poco irá sucumbiendo a sus encantos (y a los placeres de la carne). Más adelante el marido de Karen abandonará el lecho conyugal en mitad de la noche para tener un escarceo sexual con Marsha. Ambos se enfrascarán en una tórrida e inquietante cópula que terminará con los dos amantes transformándose en licántropos (en esta escena es más que evidente el poco presupuesto con el que contó la película, ya que al no disponer de dinero suficiente para más efectos especiales, tuvieron que terminar la transformación con una secuencia animada).


Inmediatamente Karen, ante las sospechas de que su marido ya no es tan fiel como imaginaba, verá como este también aparece en sus pesadillas llegándolo a ver como un temible licántropo más. No por menos, él también ha caído en el lado salvaje del ser humano… Mientras tanto, dos reporteros compañeros de Karen descubrirán que Eddie había estado en la comuna y que en realidad formaba parte de ella. Al parecer, el refinado Dr. Waggner, era en realidad un licántropo que intentaba mantener oculta una pequeña comunidad de licántropos y que estos se volvieran "civilizados".

Aullidos también hace hincapié en el truculento y morboso mundo de la televisión, una ventana a la violencia de la sociedad “civilizada”, que hacia el cenit de la película alcanza su máxima expresión en una escena que me dejó gravemente aterrorizado cuando era pequeño: Karen finalmente logra salir con vida de la comuna y vuelve a los informativos, pero en vez de leer las noticias se pone a avisarnos de los peligros que nos envuelven, y para que todo el mundo la crea, comienza a transformarse en una mujer-lobo mientras grita de una manera desgarradora. Llegados a este punto, incluso se nos llega hacer un pequeño homenaje a La maldición del hombre lobo de Terence Fisher, cuando la tierna mujer-lobo comienza a llorar antes de ser acribillada a balazos por su colega (Dennis Dugan). Una vez más, y para dar de nuevo un respiro al espectador, Dante termina la escena con una nueva muestra de humor gamberro, pues después de algo tan trágico y terrorífico nos percatamos que los espectadores se toman más o menos como una broma pesada lo que ha pasado, demostrando a su vez que la TV convierte peligrosamente la violencia en algo trivial por no decir que en meros divertimentos. Un final que pone el broche de oro a la última gran película sobre hombres lobo que se ha realizado.



Aunque también es verdad que no todo es gloria para esta película y que también tiene sus cosas malas. El principal problema que le encuentro es que un hombre lobo siempre tiene que sentirse desdichado por sus actos, al fin y al cabo está maldito, y en Aullidos, aún quedando reflejado que algunos no están contentos con lo que son (de hecho, no olvidemos que se trata de una pequeña comunidad de hombres lobo que pretende civilizarse), pasa muy por encima este tema. Lo mismo da que los hombres lobo se transformen a su conveniencia y no bajo el influjo de la luna llena, lo que realmente me molesta es que el personaje de Eddie, el principal malvado del film, es casi un completo desconocido para el espectador y eso no debería haber sido así… No sabemos casi nada de él y no nos hace participes del sufrimiento que, como todos sabéis (queridos alobados míos), en realidad conlleva ser un hombre lobo.


Como último apunte me gustaría establecer otra curiosidad como nexo de unión entre ambas películas. Tanto en Aullidos como en Un hombre lobo americano en Londres, se exhiben películas porno y en este terreno ambas tienen algo que ver. En primer lugar la bellísima actriz porno Annette Haven, rechazó un papel (supongo que sería el de la exuberante Marsha) por la violencia del guión, mientras que la pechugona Linzi Drew, una de las protagonistas de la cinta pornográfica de Landis, se convertiría en actriz de cine para adultos y contó en su haber títulos como An american Buttman in London.



[*]
Pequeño guiño a la incursión de la Fox en la temática licantrópica con la notable The Undying Monster (1942) del maestro John Brahm.
(1) Roger Corman realiza un brevísimo cameo.
(2) En su segunda colaboración con Dante tras Piraña, y que en el film realiza un breve y divertido papel como encargado de la morgue.

domingo, 14 de marzo de 2010

La Maldición del Hombre Lobo (1961)

España, siglo XVIII. Un vagabundo irrumpe en medio de una boda pidiendo algo de alimento, por lo que el marqués Siniestro opta por encerrar al pobre mendigo en las mazmorras por estorbarle en tan preciado día. Años más tarde, el marques castiga a una de sus criadas y la envía a la celda donde hace años que permanece encerrado el mendigo, por lo que este al descubrir a aquella bella sirvienta (de generoso busto, todo hay que decirlo), apagará sus más primitivos instintos con ella. De dicha relación tan particular nace Leon, un niño que sufrirá extrañas crisis que al parecer son causadas por una extraña maldición que solo se mantendrá oculta en su interior, si la mujer a la que ama le corresponde del mismo modo.


La productora británica Hammer hizo esta única incursión en el terreno licantrópico, ¡pero de que manera lo hizo! "La maldición del hombre lobo" es una de las mejores películas sobre hombres lobo que existen. De hecho, para mí es la mejor, aunque muchos la repudien por no salir el hombre lobo demasiado en pantalla, ya que tan solo aparece plenamente transformado los 10 minutos finales. Aunque bien podría asegurar que el hombre lobo es él más conseguido que he visto, contando que a mi me gustan las transformaciones en las que todavía se aprecia algo humano, por lo que películas como "Aullidos", "Un hombre lobo americano en París" o en "En compañía de lobos" donde la transformación en licántropo acaba siendo más animal me parece menos loable, aunque no por ello debo tachar estas películas de malas o de poco interesantes, todo lo contrario lo son y mucho (sobretodo Aullidos, me encanta). Tan solo expongo que el maquillaje que "sufrían" Lon Chaney Jr., Paul Naschy y en este film, Oliver Reed, tienen más merito que las futuras transformaciones mucho más espectaculares. Y ojo, ya no entro en las actuales transformaciones hechas infográficamente, "Underworld" y "Van Helsing" si que me parecen unos bodrios, menudas siestas me pegué con ellas.

Basada libremente en la novela de Guy Endore, esta adaptación tiene muchas variaciones, como por ejemplo el lugar donde se desarrolla la acción. En la novela se traslada la historia a Francia, mientras que el film lo hace en España. Pero también hay otras diferencias mucho más significativas, como la violación que sufre la criada. En el libro de Endore es llevada a cabo por un ¡cura! por lo que se puede considerar algo lógico que para evitar las garras de la censura cambiaran muchas cosas de la historia original. Por cierto, la versión española de la época sufrió sonrojantes cortes que se pueden apreciar sin mayor dificultad, pero gracias a Dios, recientemente se ha editado en DVD la versión integra del film con el sangriento disparo final y el hombre lobo llorando.

Titulo original: The curse of the werewolf (Reino Unido, 1961)
Director: Terence Fisher
Guión: Anthony Hinds basado en la novela de Guy Endore "The werewolf of Paris" (editado reciente por Ediciones Jaguar, muy aconsejable).
Actores: Oliver Reed, Clifford Evans, Yvonne Romain...
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