“Ningún hombre conoce lo malo que es hasta que no ha tratado de esforzarse por dejar de serlo”. Clive Staples Lewis.
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viernes, 28 de diciembre de 2012

PSICOTRONÍA LICÁNTROPA IX: ABBOTT Y COSTELLO CONTRA LOS FANTASMAS (1948)



Puede que sea injusto incluir este título en mi selección de “psicotronía licántropa”. Sobra decir que estamos ante un film de impecable calidad. Una película con unas interpretaciones que sin ser nada del otro mundo resultan convincentes, que tiene una buena dirección, fotografía, y unos efectos especiales que, para la época (e incluso a día de hoy), resultaban de lo más espectaculares (sólo basta ver la escena en la que el hombre lobo salta sobre el conde Drácula transformado en murciélago y caen juntos por un precipicio). Si, tienen razón, “Abbott y Costello contra los fantasmas” no debería verse comparada con piezas de lo más cochambrosas como “Dracula, the dirty old man”, pero es que en esto de la psicotronía no todo tiene que ser de mala calidad artística y/o técnica. La psicotronía también abarca (o al menos debería) producciones más “mainstream” o propulsadas por los grandes estudios (como es el caso que nos ocupa), así que si hay un título que haya marcado de una manera significativa el deterioro de los monstruos de la Universal, ese es “Abbott y Costello contra los fantasmas”. Por injusto que sea, este film arruinó de una manera fulminante la carrera de Bela Lugosi, que terminó sus días colaborando con el rey de la serie Bé, Ed Wood; y de un modo más lento (y agonizante) con la de Lon Chaney Jr., que acabó sus días como actor junto a otro rey, en este caso del cine trash, Al Adamson. Si bien es verdad que la carrera de ambos flaqueaba desde hacía un tiempo – “The return of the Ape Man” y cintas con un tono paródico como “Zombies on Broadway” con Alan Carney, fueron los pasos previos de Lugosi antes del declive definitivo; mientras que Lon Chaney Jr. logró mantenerse en títulos alejados del terror, como el western en “Alburquerque” o la comedia “Morena y peligrosa”, en ambos casos en papeles secundarios -, “Abbott y Costello contra los fantasmas” sería el punto de inflexión definitivo en sus respectivas trayectorias. En el caso de Lugosi desterrándolo a la autoparodia más descarnada en films como “Old Mother Riley meets the vampire” o “Bela Lugosi meets a Brooklyn Gorila”; y en el de Chaney Jr. sobreviviendo en diferentes series de TV, o nuevamente en roles cada vez más pequeños para comedias, westerns o cine de aventuras – aunque en su caso, resta decir que llegó a colaborar con directores de renombre como Michael Curtiz (“El muchacho de Oklahoma”), Stanley Kramer (“Fugitivos”), André de Toth (“El honor del capitán Lex”) o Fred Zinnemann (“Solo ante el peligro”) -; y por otro, como no, en títulos de serie Bé afincados en el fantástico como “The bride of the gorilla”, “Indestructible Man” o “The alligator people”. De hecho, resulta un tanto paradójico que Lon Chaney Jr. no volviera a enfundarse en la piel del hombre lobo hasta llegar a la producción mexicana “La casa del terror” (de la que ya os he hablado en este blog), una comedia bizarra y esperpéntica para lucimiento del cómico Tin Tan y que, cosas del destino, guarda un punto de partida similar a “Abbott y Costello contra los fantasmas”. Así pues, una vez aclarado este asunto, vayamos con la película que mató al hombre lobo más importante de la historia del cine.


Sus asesinos, Abbott y Costello, eran dos comediantes que ya habían coqueteado con el género fantástico en “Agárrame ese fantasma” - pero sin llegar a sus últimas consecuencias ya que finalmente resultaba ser todo una falsa y el fantasma no lo era tanto – antes de llegar a “Abbott y Costello contra los fantasmas”, de la que se dice que en un principio era una película seria (bajo el título de "The brain of Frankenstein") y que, por cuestiones no muy claras, desencadenó en el presente film. Sea como fuera, esta comedia, aún duplicando el presupuesto de, por ejemplo, “La zíngara y los monstruos”, otro de los pastiches con monstruos anteriores de la Universal, sería una de sus apuestas menos arriesgadas para 1948. De hecho, ni siquiera Lou Costello daba un duro por la película, llegando inicialmente a negarse a participar en ella. Sin embargo nadie puede dudar que esta cinta es una de las más recordadas del la pareja cómica, por no decir la más, y uno de los títulos más rentables de la Universal de aquel año. En el film nos cuentan la historia de Chick (Bud Abbott) y Wilbur (Lou Costello), dos trabajadores de una oficina de correos, que tienen que llevar dos paquetes - con los que dicen que son los restos del Conde Drácula y el monstruo de Frankenstein - al museo de los Horrores del Sr. McDougal (Frank Ferguson). Sin embargo en plena faena el cuerpo de Drácula (Bela Lugosi) vuelve a la vida y escapa del lugar junto al gigantesco monstruo verde (Glen Strange), refugiándose en la mansión de la femme fatale Sandra Mornay (Leonore Aubert) que planea trasplantarle un cerebro nuevo a la criatura del Dr. Frankenstein. Por otro lado tenemos al malogrado Larry Talbot (Lon Chaney Jr.) que, conociendo el destino y el contenido de los paquetes que han llevado al museo, decide volar desde Londres con tal de acabar con los dos famosos monstruos y de paso echar una mano a esta desastrosa pareja. Aunque, eso sí, lamentablemente y como viene siendo habitual, Talbot tiene el desafortunado hándicap de convertirse en licántropo durante las noches de plenilunio.



Como es de esperar la historia se desarrolla a base de gags de lo más insípidos que se repiten casi sistemáticamente hasta la saciedad, en los que el tontorrón de Wilbur presencia una y otra vez como los monstruos toman vida, mientras que el más “espabilado” Chick no se da cuenta de nada y piensa que son todo fantasías de su estúpido y miedica compañero (quizás el momento más álgido de ellos sea aquel en el que Wilbur irrumpe en la habitación de Talbot cuando éste ya está transformado en hombre lobo y no se percata del peligro que corre). Sin embargo, lo que se podría destacar de esta película es la relectura que se le podría dar. Y es que salta a la vista que, por encima de Drácula, Frankenstein y el hombre lobo, la verdadera villana del film es el personaje interpretado por la bella Leonore Aubert, que mediante sus dotes seductoras agasaja al bobalicón Wilbur con tal de controlarlo. Ni vampiros, ni monstruos revividos por el mad doctor de turno, ni hombres lobo, aquí lo interesante es ver como Aubert despliega toda su sensualidad para controlar al estúpido de Wilbur y lo vulnerable que resulta éste ante la belleza. Por decirlo de otro modo, “Abbott y Costello contra los fantasmas” nos enseña los susceptible que es el “hombre bobo” ante las mujeres y lo maleable que son cuando caen en su poder.


Como venía siendo habitual, esta nueva reunión de monstruos no guarda ninguna relación directa con las anteriores aventuras del hombre lobo ya que, tal y como sabemos, en la previa “La mansión de Drácula” Larry Talbot conseguía liberarse de su maldición. Pero el caso es que tampoco debería haber sido la última ya que, tal y como señalábamos con anterioridad, al final de la cinta el hombre lobo se tira por un precipicio junto al Conde Drácula y caen al mar. ¿Esta era la letal y definitiva manera en la que debía morir una de las criaturas inmortales de la Universal? Nunca lo sabremos porque, como ya hemos dicho, fueron Abbott y Costello los que asesinaron realmente al hombre lobo, al monstruo de Frankenstein y a Drácula. Pero no contentos con ello, poco tiempo después irían a por el hombre invisible y a por la momia. Casi nada. 
Pero eso ya es otra historia.



lunes, 29 de octubre de 2012

THE CABIN IN THE WOODS (2011)




Dir.: Drew Goddard

En uno de los momentos más celebrados de (los) “Funny Games” de Michael Haneke, uno de los jóvenes asaltantes cogía un mando a distancia y rebobinaba el asesinato de su compañero para evitar su muerte. De ese modo la violencia tomaba el control de la película y demostraba que no había redención para las víctimas. En “The cabin in the woods” se intenta hacer algo por el estilo y nos presentan a un grupo de jóvenes que son escogidos para ser sacrificados al espectador sin que (obviamente) lo sepan. Con ese sacrificio se evitará que las diversas criaturas del mal emerjan a la superficie y se apoderen del mundo. Aquí, como en casi todas los slashers que se vienen estrenando desde principios de los ochenta, el guapo, el deportista, la fulana, el tonto/porreta y la chica virgen de turno, se las tendrán que ver con una fuerza del mal (escogida al azar para la ocasión). Y si el marco donde sucede la acción es una cabaña en mitad del bosque, el homenaje a “Posesión Infernal” o “Viernes 13” está más que asegurado. Pero “The cabin in the woods” no se queda ahí y los homenajes/guiños se multiplican constantemente. De hecho, volviendo a “Funny Games”, se hace un claro homenaje a ésta al irrumpir el título “THE CABIN IN THE WOODS” en rojo y a golpe de guitarra metalera al inicio del film. Sin embargo el guiño u homenaje a “Funny Games” no es casual, pues tal y como decíamos, tanto aquí como en la película de Haneke unos sujetos tendrán mucho que ver en el desgraciado devenir de las víctimas sin que éstas puedan hacer nada por impedirlo. Eso si, si en “Funny Games” la escena comentada del mando era una declaración principios de su autor, en la cinta de Goddard nos adentramos en una premisa meramente fantástica y los que toman el mando del “horror” son una entidad secreta que, mediante diversas cámaras ocultas y otras tantas trampas, conducirán a los protagonistas por el “guión” establecido y tan torpemente sobre explotado durante años. Por lo tanto, un gas que aumenta la testosterona o un tinte para el cabello que sube la libido, serán algunas de las artimañas que utilizarán estos sujetos para que nuestras víctimas tomen las decisiones más desafortunadas en los momentos más importantes.


Pero no nos engañemos, lo que nos propone Goddard y Weddon, los guionistas del film, no es un mero homenaje al cine de terror de los últimos tiempos aunque lo critiquen y amen sin contemplaciones. En “The cabin in the woods” hay un mensaje bien claro: hay que romper con los cánones establecidos y ese leit motiv llega a su máxima expresión cuando, allá al final de la película, los propios protagonistas/víctimas terminen convirtiéndose en verdugos. Pero no sólo verdugos de sus propios verdugos – algo que, más o menos uno se podría esperar -, sino en verdugos de toda la humanidad. He aquí la gran diferencia entre “Funny Games” y “The cabin in the woods”: en el caso que nos ocupa, tal y como vemos, no hay redención para nadie. Puede que por ese motivo sea una de las cintas de terror más valientes de los últimos años, amén de la exquisita y desmadrada trilogía de “Feast” de John Gulager.


The cabin in the woods”, que saldrá directa en DVD aquí en España por culpa, según dicen, de la piratería (¿no será más bien por desgana?), nos regala algunas escenas antológicas, como el ardiente coqueteo que se marca Anna Hutchison con un lobo disecado o el salto al vacío de Chris Hemsworth montado en una moto, pero quizás los amantes del género queden extasiados de gusto en el tramo final de la película, cuando las fuerzas del mal queden descontroladas y un montón de criaturas queden en libertad y se vuelvan contra la organización que los tenía encerrados. El ultrahomenaje está asegurado y decenas de guiños se sucederán por segundo. Desde el payaso de “It” de Stephen King, a una especie de cenobita con sierras en la cabeza que parece sacado del “Hellraiser” de Clive Barker. Una competición repleta de añoranza que termina con una pesimista traca final que hace que el espectador comprenda que hay que terminar con todo esto y dar paso a un “nuevo tipo de película” o simplemente, tal y como dicen, una “nueva especie”. Vamos, que hay que lo que propone “The cabin in the woods” es hacer una especie de REVOLUCIÓN dentro y fuera de la pantalla.




(Nota: Por cierto, que casi lo olvidaba: entre tanto zombi y tanto monstruo no puede faltar un ejemplar de hombre lobo de lo más efectivo y hermoso que, aunque tiene una breve aparición en el film, su papel tendrá bastante miga. Ojo). 

domingo, 30 de septiembre de 2012

PSICOTRONÍA LICÁNTROPA VIII: AN AMERICAN WEREWOLF IN LONDON XXX (2012)


A continuación les dejo algunas capturas de la parodia porno que se ha perpetrado este año entorno al clásico de Landis, su título "An american werewolf in London XXX" (el título no es muy original que digamos) y está dirigida por Jim Powers... La verdad es que apenas se puede comentar nada de esta desfachatez absoluta, salvo que sigue casi a píes juntillas la trama de la original y que tiene algún momento de lo mas estrambótico y cutre salchichero, sino vean esas dos zombis haciendo guarrerías españolas... 










lunes, 4 de junio de 2012

LOBO (1994)



Título original: Wolf
Dir. Mike Nichols



A principios de los noventa hubo un intento por resucitar los monstruos clásicos del terror. La Columbia se afanó en limpiar de polvo y telarañas esas antiguas películas de la Universal y renovó los clásicos de Mary Shelley y Bram Stoker (ambos de la mano de Francis Ford Coppola, dirigiendo la nueva versión de Drácula y produciendo la de Frankenstein), además de realizar una historia sobre hombres lobo trasladada a la época actual y al mundo de los negocios. Aquí no hay Larry Talbot que valga ni tampoco base literaria importante - como por ejemplo lo es la novela de Guy Endore “El hombre lobo de París” (¿para cuando una versión fidedigna de este clásico?) -, sin embargo el reparto no tardó en llenarse de grandes estrellas. Así el trío protagonista estaría encarnado por Jack Nicholson (que, al parecer, llevaba 12 años intentando levantar este proyecto), Michelle Pfeiffer y James Spader, mientras que el reparto de secundarios se completaría con algunos actores de la talla de Christopher Plummmer y el siempre genial Richard Jenkins. Para dirigir esta película se escogió a un realizador no del todo idóneo para llevarlo a cabo (sobretodo si miramos el resto de su filmografía alejada del género terrorífico), Mike Nichols, pero que aún así consiguió un resultado más que aceptable, evitando que la débil historia hiciera aguas estrepitosamente. El libreto por su parte viene firmado por el guionista y escritor Jim Harrison (Venganza, Leyendas de pasión) y el guionista Wesley Strick (El cabo del miedo), y nos cuenta la historia de Will Randall (Nicholson), el editor jefe de una editorial que es mordido por un lobo durante una noche de luna llena (una noche en la cual, la luna está más cerca de la Tierra de lo normal) y verá como comenzará a desarrollar cualidades tales como un olfato y un oído finísimo, amén de un aspecto jovial y una entrega en la cama fuera de lo común. Pero por otro lado verá como su amigo y aprendiz Stewart Swinton (Spader) no sólo le roba el puesto de trabajo sino que además se la pegará con su mujer. Entonces el lado más feroz de Randall emergerá y marcará su territorio como un perro (antológica la meada a Spader en los urinarios), pero pronto comenzará a preocuparse cuando descubra que todos esos poderes que ha adquirido tienen su vertiente más peligrosa las noches de luna llena, sobretodo tras la aparición de su ex mujer muerta debido a los ataques de lo que parece ser una bestia salvaje. Convencido de que puede ser un hombre lobo, Randall decide ir a visitar al profesor experto en ocultismo, Dr. Alezais (Om Puri), y éste le entregará un collar de plata para evitar que su lado animal emerja durante los plenilunios. Pero además Randall contará con la ayuda de la bella (y gamberrota) Laura Alden (Pfeiffer).


Pese a que muchos parecen no ver con demasiados buenos ojos esta película, Lobo nos ofrece una digna muestra de licantropía bastante original y llena de puntos muy interesantes. Gracias a Lobo sabemos que no es necesario ser mordido por un hombre lobo para que la maldición sea transmitida, tan sólo basta la “esencia” del alobado para ser contagiado. Buena prueba de ello lo vemos al final de la cinta cuando nos percatamos que la Pfeiffer se ha convertido en una mujer loba sin que previamente haya sido atacada por ninguno de los dos licántropos que pululan por la película. Esto nos hace entrever que, quizás, una persona también puede convertirse en un lobo si mantiene relaciones sexuales con un licántropo, como es el caso del personaje de la Pfeiffer - macarra y marrana como nunca, pero recatada como de costumbre -, que mantiene una noche de sexo loco con un sufrido Nicholson. Pero también hay otros aspectos curiosos, como por ejemplo descubrir que en la zona mordida crecen unos minúsculos pelos o que, aún no habiéndose transformado en lobo, nuestro protagonista adquiere los poderes propios de la bestia, tales como una gran agilidad y un extraordinario olfato y oído. También llama la atención la utilización de un collar de plata con un extraño grabado para, tal y como apuntábamos anteriormente, impedir que la parte animal emerja del alobado durante las noches de plenilunio. En este punto resulta interesante el hecho de que además haya una persona – para la ocasión la enamorada del protagonista, la Pfeiffer - que se encargue de encerrar a la bestia con tal de que no haga daño a ningún ser humano, pues esa figura veladora también la hemos visto cientos de veces en las producciones daninskianas.


Pese a que los hay que tildan la película de impersonal y (su último tramo) de film de serie B (con presupuesto mainstream), lo más evidente es que Lobo, pese a sus defectos, es todo un clásico contemporáneo que arroja un punto de vista muy interesante al ya desgastado cine de licántropos. Desde luego, no consiguió reanudar el vuelo de este subgénero, pero que no se diga que no se intentó. Las actuaciones son impecables y el maquillaje de Rick Baker (más limitado y austero que de costumbre con tal de que la estrella pudiera ser reconocible), cumple su acometido con creces. Y qué decir de la excelente banda sonora de Ennio Morricone… Genial…



jueves, 8 de marzo de 2012

Psicotronía licántropa VI: LA REBELIÓN DE LOS MONSTRUOS (1997)


Título original: The Creeps.
Dir. Charles Band.

Y esta noche de luna llena volvemos a la psicotronía licántropa. Esta vez con una película de lo más peculiar que, sin embargo, nos podría haber regalado preciosos y divertidos momentos. Lamentablemente, la cachonda premisa de “La rebelión de los monstruos” se echa a perder por culpa de un humor soso de narices y unas interpretaciones de lo más acartonadas.

Un gordo entra en una biblioteca y se dirige a la sección de libros antiguos con la intención de robar las primeras ediciones de “Drácula” de Bram Stocker y “Frankenstein” de Mary Shelley. El hurto, lejos de ser propiciado por un afán de coleccionismo loco, viene motivado por la realización de un experimento científico mediante el cual piensa revivir a los monstruos clásicos de la literatura y el cine. Así pues, además de Drácula y el monstruo de Frankenstein, el gordo también tiene pensado resucitar al hombre lobo y a la momia. La cosa, aún así, se complica un poco pues para que el experimento se complete con éxito tiene que encontrar a una virgen (cosa un tanto difícil en los tiempos que corren) y como no la encuentra, los grandes monstruos de la literatura vuelven a la vida no siendo tan grandes. Por tanto ahí tenemos a mini-Drácula, mini-Frankenstein, mini-Momia y mini-Hombre lobo. Menos mal que Anna (Rhonda Griffin), una modesta trabajadora de la biblioteca - que es acosada por su jefa lesbiana -, contrata los servicios de David (Justin Lauer), un detective que utiliza su trabajo de dependiente de un videoclub como tapadera (o puede que al revés) y que, aunque parece tonto no lo es (es más bien tirando a gilipollas).


Lamentablemente, esto de ver a los monstruos del terror en plan enano podría haber tenido mucha gracia, pero para ello se necesitaba mucha más mala baba y cojones… Por lo tanto, cuando por ahí vemos a los minis-monsters perseguir a nuestros protagonistas, las comisuras de la boca se mantienen intactas. Aquí no hay terror y, aunque la película está encaminada claramente a la comedia, por mucho que lo intenten, no arranca ni una sola carcajada, más bien todo lo contrario, el conjunto causa más bien un poquito de vergüenza ajena.


En lo referente al mini-Hombre lobo… Os juro por Waldemar Daninsky que si no lo llegan a decir, podría haber pensado en cualquier otra bestia mitad humana. Es más, por las pintas parece más un mini-Hombre murciélago… Eso quiere decir que durante la película no se da ni una sola transformación y que, por tanto, la luna llena no influye en nuestro pequeño licántropo. De hecho, no se llega a hacer referencia a ella en ningún momento, como si su estado mitad animal fuera perpetuo.


Lo único que quizás la pueda salvar de la quema total, sea ese guiño final por parte del detective friki peliculero, que para sorpresa de todos resulta ser todo un entendido en nuestro queridísimo Jesús Franco. Pse… Sorpresas que da la vida.


martes, 7 de febrero de 2012

CHILLERAMA (2011)



Dir.: Adam Green, Joe Lynch, Tim Sullivan, Adam Rifkin

A primera vista uno podría pensar que “Chillerama” es otro filme que busca aprovecharse de la ola “Grindhouse” que, desde el díptico realizado por Robert Rodríguez y Quentin Tarantino (sin olvidar la aportación de los directores responsables de los fake trailers, la verdadera gran sorpresa de aquel experimento), se han venido sucediendo con películas de diferente índole. Sin embargo, si echamos una ojeada rápida a la filmografía de sus cuatro responsables, nos daremos cuenta de que la intención de éstos no es la de seguir una moda en concreto (aunque lógicamente, ésta les haya podido beneficiar). Tim Sullivan ya había dirigido el remake de 2000 Maniacos de Herschell Gordon Lewis en 2005, y una secuela de la misma en 2010. Adam Rifkin fue el responsable de Psycho Cop Returns - secuela de Psycho Cop que a su vez era un refrito del típico slasher de la época y el “Maniac Cop” de William Lustig -, de la extravagante cinta de acción “Con la poli en los talones” – en la que Charlie Sheen se pasaba conduciendo un coche prácticamente durante toda la película e incluso llegaba a realizar una cópula en marcha -, y de la comedia “Cero en conducta”, además de escribir los libretos de filmes como “Un ratoncito duro de roer” o “Pequeños guerreros”. Joe Lynch por su parte ha dirigido la secuela de uno de las pocas sagas de terror interesantes de la última hornada, “Km. 666 II: Camino sangriento”, en la que un grupo de concursantes de un reality-show tenían que vérselas con unos mutantes caníbales, además de aparecer en “Terror Firmer” (1999) de Lloyd Kaufman a quien, no por casualidad, se le homenajea en la película que nos ocupa. En lo que respecta a Adam Green, cabría destacar que ha sido el creador de una de las propuestas más cachondas, estimulantes y gamberras del slasher moderno, con las dos entregas de Hatchet (a punto de convertirse en trilogía), en las que se pueden ver algunos de los rostros más conocidos del género, como Robert Englund, Tony Todd, (una vez más) Lloy Kaufman y, aunque no se le reconozca por el maquillaje, Kane Hodder, el eterno Jason Voorhees.


Como no podía ser de otro modo, Chillerama arranca con un pequeño prólogo en blanco y negro en el que un hombre quedará contaminado de un terrible virus. Para tener más miga, dicho virus le ha sido transferido al serle realizada una sangrienta felatio por parte de su difunta (y revivida para la ocasión) esposa. El hombre malherido irá de camino a su puesto de trabajo - un auto-cine llamado “Kaufman” que se enfrenta a su último día de apertura y que está dirigido por un orondo amante del séptimo arte cuyo nombre es Cecil Kaufman (en referencia a Cecil B. Demille y al ya nombrado Lloyd Kaufman) -, para cumplir con su deber y, ya de paso, contaminar con su sangre de color azul las palomitas que se sirven en el establecimiento, provocando la consecuente expansión del virus. Una vez allí, un grupo de jóvenes asistirán a la proyección de diferentes películas cargadas de nostalgia y, sobretodo, mucho gore, humor burdo e ironía.



Así pues, la primera en proyectarse es “Wadzilla”, dirigida por Adam Rifkin, una suerte de homenaje a The Blob y Godzilla, en la que un espermatozoide gigante arrasará la ciudad e incluso mantendrá una tórrida escena de sexo con la estatua de la libertad. La culpa la tiene un nerd que, debido a la poca movilidad de su esperma, decide probar una potente medicina experimental que le provocará unos intensos dolores de testículos. Siguiendo las indicaciones de su médico, el joven se masturba y de allí nace un enorme renacuajo blanco que irá creciendo poco a poco, con el único objetivo de encontrar a un óvulo al que fecundar. Esta historia, sin lugar a dudas, la más divertida de todas, es además la que más sabe aprovechar todos y cada uno de sus (escasos) recursos, logrando un look muy setentero que brinda algunos de los momentos más desternillantes y conseguidos de todo el conjunto. Sirva de ejemplo ese momento en el que un grupo de ciudadanos corre (o más bien hace como si corriera) mientras el gigante esperma les persigue a través de la ciudad. Rifkin utiliza para la ocasión una gama de colores chillones y se sirve de unos efectos especiales (infográficos) de lo más chapuceros pero efectivos, que nos retrotaen a las películas de serie B de hace años.



El siguiente corte se homenajea a las “beach parties” protagonizadas por el cantante y actor Frankie Avalon (y otras de este tipo producidas por la AIP) y al clásico licántropo interpretado por Michael Landon en “I was a Teenage Werewolf”, (Gene Fowler Jr., 1957), pero en clave homosexual. En esta historia llamada “I was a teenage werebear” y dirigida por Tim Sullivan, nuestro reprimido protagonista, entre canción y canción, se transformará en un “hombre-osito” cuando otro tipo “maldito” le propicie un mordisco en el pompis (1). Aunque tiene cierta gracia ver un músical cuyo entramado bebe directamente de los ingredientes propios de las cintas de licántropos - con el guiño obligatorio a El hombre lobo de George Waggner al rondar por el metraje una enfermera ¿gitana? llamada Maleva y una frase entonada por ésta que parodia a la escrita por Curt Siodmak (“hasta un joven que se cree heterosexual y que se afeita los huevos por las noches, puede convertirse en hombre-oso por las hormonas de su edad y dejar volar su impulso latente” [2]), además de sustituir el famoso bastón con empuñadura de plata y forma de lobo por un gigantesco vibrador de plata -, se podría decir que el resultado dista mucho del resto, llegando a ser en algunos momentos del todo decepcionante (véase la torpe planificación que se lleva a término en un diminuto vestuario en el que se entonan una de las canciones, o el pobre maquillaje de los “werebears”).



La tercera historia, “The Diary of Anne Frankenstein” dirigida por Adam Green, es una parodia de Frankenstein en clave nazi (véase el chiste del título), rodada íntegramente en blanco y negro y en alemán. En ella se nos cuenta como Hitler roba el diario de la familia Frankenstein y siguiendo los detallados pasos que se exponen en él intentará revivir a un hombre… Por si fuera poco, además, conecta con el mito judío del Golem, pues el Führer utiliza los cadáveres que tiene más a mano (judíos, como no) y a base de unir extremidades de diferentes cuerpos crea un Frankenjudio, una especie de jaredí revivido que termina liquidando a su propio creador (aunque esta vez sus motivaciones sean algo diferentes que en el clásico de Mary Shelley). A pesar de que su trama sea algo previsible, “The diary of Anne Frankenstein” ofrece alguna que otra divertida sorpresa en forma de chiste racista, como la utilización de dobles de color para las escenas de riesgo.


La famosa escena de Pink Flamingos, pero al revés.
El último segmento viene presentado por Fernando Phagabeefy, su director (3) - al menos así sale acreditado en los títulos de crédito finales (4) -, quien explica que vamos a asistir una de las películas más extremas de terror. El resultado es “Deathication”, un film experimental que haría las delicias de cualquier amante del cine de John Waters y que nos mete en infinidad de cagadas, diarreas y mojones, sin ton ni son. Lamentablemente, esta suculenta pieza de cine para gourmets se ve interrumpida por la trama central de la película – es decir, por lo que ocurre en el auto-cine que, como ya dijimos, termina siendo devastado por una plaga de zombies cachondos -, y cuyo nombre es “Zom-B-Movie”, dirigida por Joe Lynch. La película se cierra pues con una historia no demasiado original, pero divertida (sobretodo por ese pequeño experimento con excrementos que la precede), plagada de cuerpos amputados que son devorados y desflorados por unos muertos vivientes de lo más salidos, mientras que por otro lado, dos jóvenes aprovecharán esta peculiar ocasión para entablar una relación amorosa.



Siendo Chillerama una película que intenta rendir homenaje al cine explotation y de serie B de antaño, con historias independientes y un humor de lo más desfasado como nexo de unión, es fácil pensar en los “Grindhouse” de turno realizados por directores más mainstream. Pero aquí las pretensiones de los responsables son mucho más modestas y, por tanto, más sinceras. Quizás el resultado global cojee, pues el arranque de “Wadzilla” es descomunal, mientras que “I was a Teenage Werebear”, que viene justo después de ésta, puede hacer menguar la atención del espectador... Pero aún así, en Chillerama no se maquilla con mugre un trabajo refinado, ni se intenta dar lecciones de nada. Chillerama sólo busca divertir y lo consigue, así que, ¿qué más se le puede pedir?


(1) Un guiño a otra cinta con hombres lobos adolescentes Full Moon High de Larry Cohen.
(2) Y en el clásico de 1941 era: “Incluso un hombre puro de corazón y que reza sus plegarias por la noche, puede transformarse en lobo, cuando el acónito florece y la luna de otoño brilla”.
(3) A su vez director de la ficticia Saló 2: The Next Day.
(4) En realidad todo forma parte de una broma, pues Fernando Phagabeefy no es otro más que Joe Lynch.

sábado, 13 de agosto de 2011

FULL MOON HIGH (1981)

Larry Cohen, maestro de maestros, creador de la trilogía Estoy vivo y Maniac Cop (esta última dirigida por su gran amigo William Lustig), se inmiscuyó a principios de los 80 en una comedia licántropa aprovechando el enorme éxito de los dos buques insignia de la época: Aullidos y (más concretamente) Un hombre lobo americano en Londres. Pero por si eso no bastara, aquí el bueno de Cohen aprovechaba la ocasión para realizar una especie de spoof o comedia alocada muy al estilo de Aterriza como puedas (otro éxito de principios de la década). Por este motivo no nos ha de extrañar que la película desarrolle un pequeño pasaje a modo de gag, en el interior de un vuelo en el que un grupo de terroristas cubanos intentan hacerse con el control del avión, mientras que nuestro protagonista se transforma en alobado. Como es de esperar, Full Moon High no podía tener resultados más dispares y extraños, pues aunque es bien sabido que Cohen sabe dotar de momentos cómicos a algunas de sus películas de género, el terreno claramente cómico por el que intenta hacernos pasar con esta película no consigue salir a flote y tan sólo logra salir airoso en contadas ocasiones: sirva de ejemplo que nuestro hombre lobo muerda las posaderas de bellas damiselas (y las de algún maromo con el pelo largo), le robe un autobús a un negro y 20 años más tarde se meta accidentalmente en un taxi conducido por el mismo, o la divertida escena en la que sin querer un policía dispara a la cámara y el objetivo se rompe en mil pedazos, entonces Alan Arkin, encarnando a un psiquiatra un poco hijodeperra, nos explica que lamentablemente el espectador se va a perder los mejores efectos especiales de la película por culpa de este pequeño percance... Y es que esa es otra, lejos de continuar con los hallazgos de Bottin o Baker, en lo que respecta los fx son totalmente omitidos o poco elaborados, y el maquillaje que luce Adam Arkin en la película está más próximo a El lobo humano, el clásico de la Universal del 35, que de cualquier otra producción más reciente. Además, la utilización que Cohen hace de la música evoca sin ningún disimulo a la ya comentada Un hombre americano en Londres, ya que durante una de las primeras (mini) "transformaciones" (realizadas con un par de fundidos y listo) escucharemos de fondo la canción "Meet me in the moonlight", - canción de ribetes clásicos escrita por la (por aquel entonces) esposa de Larry Cohen, Janelle Webb -, para así crear el mismo efecto que producía la famosísima transformación de la película de Landis en la que se escuchaba el tema "Blue Moon". Por lo demás, pues... ¿qué tal si contamos de que va esta película?

Tony (Adam Arkin) es un joven que goza de gran popularidad en el instituto gracias a su buen físico y por conseguir que el equipo de rugby del instituto Full Moon, gane a su eterno rival: los Simpson. Lamentablemente su prometedora carrera deportista es interrumpida cuando su padre, un americano de los píes a cabeza, le pide que lo acompañe en una misión secreta al mismísimo corazón de Rumania. Allí, mientras su padre coquetea con un par de prostitutas del este, nuestro joven protagonista será mordido por un hombre lobo, no sin antes, haber sido advertido por una adivina que le dice estaba marcado por la marca del pentágono... ¡digo del pentagrama! (Aquí vemos un pequeño ¿homenaje? al Hombre lobo de Washington). Una vez de vuelta, Tony verá como se transforma en lobo durante las noches de plenilunio y durante éstas propiciará unos pequeños mordiscos en el trasero de las jovencitas (sin que tengan mayores consecuencias en las víctimas, es decir, ni mueren ni se transforman en lobas/os). Los años no pasan por él, así que nuestro desdichado inmortal consigue sobrevivir durante años viajando de un lado para otro, hasta que decide volver al instituto Full Moon para ganar, una vez más, al equipo de los Simpson. 

Pese a que esto de los hombres lobos adolescentes no es nada nuevo, - ahí tenemos I was a teenage werewolf, con nuestro queridísimo Michael Landon -, si que se podría decir que, de algún modo, Full Moon High serviría de base, - sólo de base -, al venidero (y oportunista [*]) éxito De pelo en pecho, protagonizado por Michael J. Fox, ya que, si bien es verdad que el tono paródico de la película de Cohen no es utilizado en Teen Wolf, podríamos encontrar ciertos paralelismos entre una y otra. En definitiva, no es una mala película, pero Full Moon High deja bastante que desear, siendo únicamente disfrutable para aquellos que tengan la risa floja o para aquellos espectadores poco exigentes... Como yo.
Hasta la próxima luna llena...¡Auuuuuuu...!


(*) Pues estuvo propiciado por el film Regreso al futuro. Aquí en España, Teen Wolf se estrenó después que la película de Zemeckis.