“Ningún hombre conoce lo malo que es hasta que no ha tratado de esforzarse por dejar de serlo”. Clive Staples Lewis.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Psicotronía licántropa (V): Colmillos, el hombre lobo (1993)




Dir. René Cardona III.

En este espacio ya hemos dado fe de lo que René Cardona III puede dar de si con el film que abordamos hace unos meses, Alarido del terror. Pese a ello, se podría decir que aquella película protagonizada por Hugo Stiglitz no estaba demasiado ligada con el subgénero de los hombres lobo, pues la bestia peluda en cuestión, tal y como dijimos, terminaba siendo un espíritu maligno que se quería apoderar de una niña. Tres años más tarde, por el contrario, encontramos dentro de la filmografía de Cardona III esta exquisita pieza de serie Z protagonizada por Miguel Ángel Rodríguez, Olivia Collins y José Elías Moreno que se adentra en la temática desde un punto de vista bastante interesante. Digo “exquisita” porque a pesar de su clara falta de medios, Colmillos, el hombre lobo no escatima en mostrarnos una de esas transformaciones en hombres lobo “como” (véase el entrecomillado en el “como”) las que se hicieron en Aullidos o Un hombre lobo americano en Londres. Para ello, el director mexicano utilizó planos muy cerrados de la criatura para así evitar que se pudieran percibir en demasié la falta de medios de la que hace gala la película. Por lo tanto, a pesar de saber que este ejemplar lobuno es cuadrúpedo, jamás lo llegaremos a apreciar del todo. Los ataques de la bestia por su parte, también están construidos del mismo modo: con primeros planos de la bestia y sus zarpas, y primeros planos de la víctima. Aún así, cabría decir que Colmillos, el hombre lobo tiene un nivel de casquería bastante considerable ya que, aún no mostrando mucho, consigue ser bastante sangrienta… Tal vez sea por esa épica escena en la que utilizan un caballo muerto de verdad (con todas las tripas colgando), mientras que nuestro protagonista despierta desnudo y lleno de sangre a su lado. Desde luego, no sabemos si al animal lo mataron para la ocasión o aprovecharon uno que llevaban al matadero, pero Miguel A. Rodríguez tuvo el suficiente estómago para soportar el olor a sangre y descomposición que se intuye en la escena (véase esas pegajosas moscas que revolotean por el establo).  

La tía de la manta...
Fíjense en los bonitos gallumbos que luce Miguel A. Rodríguez en Colmillos, el hombre lobo. Sexys, sexys...
Así comienza la transformación...
La sinopsis tampoco podía ser menos estimulante. Tomen buena nota: Cristóbal (Miguel Ángel Rodríguez) tiene un sueño en el que se le aparece una misteriosa deidad indígena llamada Tara (Julieta Rosen) y ésta le ofrece una misteriosa figura con forma de lobo que contiene unas valiosas gemas, y le dice que si hace un buen uso de ella logrará ser feliz. Cosas de la vida, cuando Cristóbal despierta encuentra justo delante de él la extraña figura con la que había soñado, así que como su vida no es demasiado boyante decide vender las gemas para augmentar su patrimonio. Ya no tendrá que conformarse con ser un simple trabajador del hipódromo y Román (José Elías Moreno), un hombre adinerado, no seguirá amañando las carreras y cometiendo las mismas injusticias. Así pues, gracias al dinero que consigue, Cristóbal comenzará a ser considerado dentro del hipódromo e incluso comprará algunos caballos muy valiosos para competir en las carreras… pero cuando llega la noche y la luna llena brilla en el cielo… Ay madre… Cuando la luna llena sale Cristóbal queda maldito y se convierte en hombre lobo. Pero para más inri tendrá que ir liquidando a todas las personas a las que le vendió las gemas para recuperarlas. El problema surge cuando una de esas gemas se la regalo a Susana (Olivia Collins), su amada…

"We will Rock you..."
Aquí les dejo algunos momentos de la "transformación".



Colmillos, el hombre lobo tiene el acierto de tener cierta aura de fatalismo y como toda cinta de licántropos que se precie terminará en desgracia. Miguel Ángel Rodríguez, un actor que lleva a sus espaldas más de doscientas películas (la mayoría directamente para video), realiza una interpretación muy convincente (con el lastre de tener algún que otro momento de “telenovela” muy propia de estas producciones mexicanas [véase ese lacrimógeno final que pone los pelos de punta de la rabia que da]), y sus transformaciones en lobo son mostradas como unas metamorfosis muy dolorosas que recuerdan levemente a las que sufrió David Naughton en la cinta de Landis, pues aquí a nuestro alobado también le da por chillar y desnudarse. Como es lógico, los resultados distan mucho de los vistos en Un hombre lobo americano en Londres pero, repito, a pesar de su raquítico presupuesto están mucho mejor de lo que cabría esperar.
Suponemos que era más barato matar un caballo de verdad, que hacer un montón de tripas artificiales.


Un lindo gatito muerto... Como ven, en esta producción los animales SI padecieron un poquito... 
Miguel A. Rodríguez, un actor de "método". ¿Qué se tiene que comer carne cruda? ¡Pues se come y punto!
Así que ya saben, si alguna vez tienen la ocasión, - actualmente sólo se puede encontrar en DVD de importación (al menos que yo sepa) -, no duden en contemplar esta estimulante película que es desde ya, una pequeña joya psicotrónica a tener en cuenta.

¡Hasta la próxima luna llena!

sábado, 13 de agosto de 2011

FULL MOON HIGH (1981)

Larry Cohen, maestro de maestros, creador de la trilogía Estoy vivo y Maniac Cop (esta última dirigida por su gran amigo William Lustig), se inmiscuyó a principios de los 80 en una comedia licántropa aprovechando el enorme éxito de los dos buques insignia de la época: Aullidos y (más concretamente) Un hombre lobo americano en Londres. Pero por si eso no bastara, aquí el bueno de Cohen aprovechaba la ocasión para realizar una especie de spoof o comedia alocada muy al estilo de Aterriza como puedas (otro éxito de principios de la década). Por este motivo no nos ha de extrañar que la película desarrolle un pequeño pasaje a modo de gag, en el interior de un vuelo en el que un grupo de terroristas cubanos intentan hacerse con el control del avión, mientras que nuestro protagonista se transforma en alobado. Como es de esperar, Full Moon High no podía tener resultados más dispares y extraños, pues aunque es bien sabido que Cohen sabe dotar de momentos cómicos a algunas de sus películas de género, el terreno claramente cómico por el que intenta hacernos pasar con esta película no consigue salir a flote y tan sólo logra salir airoso en contadas ocasiones: sirva de ejemplo que nuestro hombre lobo muerda las posaderas de bellas damiselas (y las de algún maromo con el pelo largo), le robe un autobús a un negro y 20 años más tarde se meta accidentalmente en un taxi conducido por el mismo, o la divertida escena en la que sin querer un policía dispara a la cámara y el objetivo se rompe en mil pedazos, entonces Alan Arkin, encarnando a un psiquiatra un poco hijodeperra, nos explica que lamentablemente el espectador se va a perder los mejores efectos especiales de la película por culpa de este pequeño percance... Y es que esa es otra, lejos de continuar con los hallazgos de Bottin o Baker, en lo que respecta los fx son totalmente omitidos o poco elaborados, y el maquillaje que luce Adam Arkin en la película está más próximo a El lobo humano, el clásico de la Universal del 35, que de cualquier otra producción más reciente. Además, la utilización que Cohen hace de la música evoca sin ningún disimulo a la ya comentada Un hombre americano en Londres, ya que durante una de las primeras (mini) "transformaciones" (realizadas con un par de fundidos y listo) escucharemos de fondo la canción "Meet me in the moonlight", - canción de ribetes clásicos escrita por la (por aquel entonces) esposa de Larry Cohen, Janelle Webb -, para así crear el mismo efecto que producía la famosísima transformación de la película de Landis en la que se escuchaba el tema "Blue Moon". Por lo demás, pues... ¿qué tal si contamos de que va esta película?

Tony (Adam Arkin) es un joven que goza de gran popularidad en el instituto gracias a su buen físico y por conseguir que el equipo de rugby del instituto Full Moon, gane a su eterno rival: los Simpson. Lamentablemente su prometedora carrera deportista es interrumpida cuando su padre, un americano de los píes a cabeza, le pide que lo acompañe en una misión secreta al mismísimo corazón de Rumania. Allí, mientras su padre coquetea con un par de prostitutas del este, nuestro joven protagonista será mordido por un hombre lobo, no sin antes, haber sido advertido por una adivina que le dice estaba marcado por la marca del pentágono... ¡digo del pentagrama! (Aquí vemos un pequeño ¿homenaje? al Hombre lobo de Washington). Una vez de vuelta, Tony verá como se transforma en lobo durante las noches de plenilunio y durante éstas propiciará unos pequeños mordiscos en el trasero de las jovencitas (sin que tengan mayores consecuencias en las víctimas, es decir, ni mueren ni se transforman en lobas/os). Los años no pasan por él, así que nuestro desdichado inmortal consigue sobrevivir durante años viajando de un lado para otro, hasta que decide volver al instituto Full Moon para ganar, una vez más, al equipo de los Simpson. 

Pese a que esto de los hombres lobos adolescentes no es nada nuevo, - ahí tenemos I was a teenage werewolf, con nuestro queridísimo Michael Landon -, si que se podría decir que, de algún modo, Full Moon High serviría de base, - sólo de base -, al venidero (y oportunista [*]) éxito De pelo en pecho, protagonizado por Michael J. Fox, ya que, si bien es verdad que el tono paródico de la película de Cohen no es utilizado en Teen Wolf, podríamos encontrar ciertos paralelismos entre una y otra. En definitiva, no es una mala película, pero Full Moon High deja bastante que desear, siendo únicamente disfrutable para aquellos que tengan la risa floja o para aquellos espectadores poco exigentes... Como yo.
Hasta la próxima luna llena...¡Auuuuuuu...!


(*) Pues estuvo propiciado por el film Regreso al futuro. Aquí en España, Teen Wolf se estrenó después que la película de Zemeckis.

viernes, 15 de julio de 2011

Psicotronía licántropa (IV)


ALARIDO DEL TERROR (1991)

Sin lugar a dudas el cine le debe mucho a la dinastía Cardona, desde el primero al último. René Cardona, nacido en Cuba a principios de siglo, fue actor, productor, guionista y director de infinidad de clásicos chicanos de esos que tantos nos gustan. En su haber cuenta ni más ni menos con haber dirigido el primer film en el que intervenía nuestro queridísimo Germán Valdes (Tin Tan), en Hotel de verano (1944), o El enmascarado de plata (1954), una película que sentaría las bases del género de films de lucha libre que, paradójicamente, pese a su título, no está protagonizado por el famoso luchador, Santo, el enmascarado de plata. Su hijo por su parte, - a quien diferenciamos gracias a un escueto “Jr.” al final del nombre -, elucubró otras piezas de indudable valor, aunque esta vez más bien de carácter zetoso, pues suyo es el famoso exploit de Tiburón (Jaws, Steven Spielberg, 1975), Tintorera (1977) o Carlos el terrorista (1979). En el tercer grado de la dinastía familiar encontramos a René Cardona III, y suya es esta película licántropa (*) que traemos a colofón, Alarido del Terror (1991), film que a primera vista, y sobretodo gracias a su título, nos puede hacer pensar en hombres lobo, pero ni mucho menos, aquí en este film lo que vemos es un monstruo peludo, si, que además vive cobijado en una cueva, cosa que puede parecernos que se trata de una bestia salvaje mitad humana o un bigfoot, pero que va… Tal y como se demuestra más adelante, de lo que se trata en realidad es de un espíritu llamado “chaneque”, que según nos cuentan suelen ser espíritus burlones y jocosos, pero que en el caso del de la película tiene muy malas pulgas e incluso se quiere apoderar del cuerpo de una niña que no es otra que la hija de ¡Hugo Stiglitz!.

"Hostia, unos huesos... ¡mágicos!"

A este monstruo no le gusta que le toquen los "huesos".
Pues bien, Alarido del terror empieza del siguiente modo… Tenemos a esa “bestia”, a ese “demonio” o espíritu maléfico metido en una cueva, ¿recuerdan? Vale, hasta ahí bien. Entonces aparece Hugo Stiglitz acompañado de su familia y unos compinches, y entran en ella en busca de algo. Tras una breve exploración, encontrarán un esqueleto humano e inexplicablemente se guardarán en los bolsillos algunos trozos pensando que… ¡¡son mágicos!! (¿Por qué? Y yo que sé). Total que aquello parece enfurecer a la bestia e irá liquidando, uno a uno, a los tipos que habían entrado en su guarida y le habían robado parte de su colección huesuda, hasta que, como es lógico, llega a Stiglitz y su familia (que por otro lado sufren una pequeña crisis familiar) y éstos deberán hacerle frente. Para ello contarán con la inestimable ayuda de un tipo místico, - una especie de Manu Chao y Toshiro Mifune -, que toca la flauta y se comunica con la niña mediante telequinesis (si, como hacía Scatman Crothers en El resplandor con Danny Lloyd) pero de un modo más infernal. De hecho pueden ustedes ver el desternillante momento en el que ambos se “comunican”, y la niña no para de decir “dejame, dejame (no me ralles), dejame en paz”, mientras el perro le ladra (¿?). Siguiente video (minuto: 7:44).


Puede que lo más interesante de todo el conjunto sea precisamente ese afán maniático/coleccionista de nuestra criatura con sus preciados huesos, y paralelamente ver las peleas que tiene Stiglitz con su esposa, debido a que ésta le cambia de sitio los soldaditos de su colección ([ver vídeo anterior, minuto: 6:58]). Tenemos dos “bestias”, una humana (Don Stiglitz) y otra un espíritu maléfico, y ambas guardan con recelo diferentes objetos. También comprobamos como ambos estallan con una furia incontrolable ante cualquier profanación y robo. Lamentablemente esta premisa se queda ahí y Alaridos del terror se pasa al terreno más bien del Poltergeist, los portales a otras dimensiones, e incluso algunos guiños a Depredador, y las intenciones de la bestía se convierten en, como ya hemos dicho, una mera posesión de mierda a la hija de Stiglitz.

Hugo Stiglitz, actor insignia del cine trash mexicano.
A pesar de estar muy alejado del cine de los hombres lobo y pese a su factura rematadamente Z, Alaridos del terror es una película muy entretenida, que se ve con cierto interés e incluso resulta divertida. Así que ya saben, si tienen la ocasión (AQUÍ la pueden encontrar), no se la pierdan.

(*) En su haber también cuenta con (al menos) otra película de alobados, cuyo título Colmillos, el hombre lobo (1993) prometo abordar en un futuro muy próximo.



miércoles, 15 de junio de 2011

333 FILMS IMPACTANTES VOLUMEN I

Este mes no hay reseña de película lobuna, que va... Este mes hay algo mucho mejor: un fabuloso libro en formato pdf que todos ustedes podrán descargar o leer directamente desde el blog, aquí. No duden en pasarse y disfrutar del libro de cine definitivo. El más loco, el más divertido, el más jocoso, el más anárquico, el más sincero... 
Recuerden: pasense por Post-nuclear Bloody Diary y no dejen de leer 333 Films Impactantes Volumen I. ¡¡No se lo pierdan!!

Y Frijolito San dice... "No se pierdan 333 Films Impactantes Volumen I o se les caerá la pija".

martes, 17 de mayo de 2011

MAMÁ ES UN MONSTRUO (1991)

Aunque es más que consabido que de licántropos va este blog, no siempre las películas que recogemos coinciden al 100% con el género, así que hoy vamos a abordar un suculento film que se adentra en el tema desde una perspectiva totalmente diferente. Amigos y amigas, alobados todos, charlemos muy amigablemente pues de Mamá es un monstruo, única incursión tras la cámara de Patrick Rand, editor de films como Las alucinantes aventuras de Bill y Ted o Death Wish 5. En el elenco de actores encontramos al excelente Brion James, como el “licántropo” Nestor Duvalier, al televisivo Mark Thomas Miller, a Mary Beth McDonough, a la voluptuosa Stella Stevens (otrora playmate y estrella en films como El profesor chiflado junto a Jerry Lewis) y la gran Jeanne Bates, - una actriz que muchos recordarán del cine de David Lynch -, en el papel de la susodicha madre.
Stella Stevens, en sus años mozos.
El film arranca, como no podía ser menos, durante una noche de luna llena en el que somos testigos del ataque de Nestor Duvalier a una joven a la que han echado de casa y que, según parece, está encinta, pero por lo que descubrimos a continuación en las noticias, mediante el reportero llamado Clay Dwyer (Mark Thomas Miller), dicho asesinato no ha sido el único que se ha cometido en la ciudad. Así pues, esta especie de “licántropo”, haciéndose pasar por invidente (sus gafas de sol ocultan sus siniestros ojos) se cobijará en la casa de una linda viejecita llamada Emily, que cosas del destino, resulta ser la madre del apuesto reportero de televisión que sigue las noticias de los asesinatos. La vieja resulta ser una mujer como las de antes, una señora de los píes a la cabeza que no dudará un solo instante en atender cualquier necesidad de su inquilino. Pero al ofrecerle un poco de estofado, - algo que según parece no tolera bien el hombre -, Nestor parece volverse loco y ataca a su casera provocando que esta también quede “maldita” y necesite comer “carne fresca”.

La película, como ya he dicho antes, resulta bastante ambigua a la hora de posicionarse en cualquier temática monstruosa. Es decir, que el “monstruo” del título no sabemos a ciencia cierta lo que es. De hecho el propio Duvalier, principal instigador de la “maldición”, - “enfermedad” o como se le quiera llamar - , da por sentado que puede ser cualquier cosa. “Hombre lobo, vampiro, demonio… ¿Qué más da? Todo es lo mismo”, dice en un momento del film refrescando de ese modo la figura del licántropo. ¿Acaso el Conde Drácula no tenía la capacidad de transformarse en lobo? ¿Acaso el vampiro no es un ser diabólico? ¿Puede que, tal y como dicen, el hombre lobo, el vampiro o el mismísimo demonio sean la misma mierda pero con diferente olor?

En Mamá es un monstruo al menos, poco importa delante de lo que nos estemos enfrentando, ya que más allá de la típica cinta de terror sangrienta, nos encontramos con un muy convincente drama familiar, muy oscuro y siniestro, en la que un hombre ve peligrar la unidad familiar (está esperando un hijo junto a su esposa), por culpa de la extraña “enfermedad” que padece su “tierna” madre que, después de contraerla, se convierte en una arpía mentirosa, violenta y muy peligrosa. Por lo tanto, con tal de salvaguardar la seguridad de los que le rodea, Clay encierra a su madre en una habitación y la ata a la cama, pero la mamá Emily sabe muy bien como ganarse a su “niño” y a este no le será tan fácil mantenerla a raya o acabar con ella.

E aquí otra cuestión muy importante: ¿cómo se acaba con algo que no sabes lo que es? ¿Balas de plata? ¿La luz del día? ¡No!, esos monstruos caminan a plena luz del día. ¿Estacas en el corazón, agua bendita, crucifijos, un disparo en el corazón…? Ay… La solución que se da en el film es bien sencilla: fuego. El fuego, señores. El fuego lo destruye y purifica todo, así que si vuestra madre (o vuestra suegra) se vuelve una pelma insoportable, “PRENDANLE FUEGO”.

lunes, 18 de abril de 2011

CAPERUCITA ROJA (2011)

Después de adaptar el bestseller crespusculino de Stephenie Meyer, - del cual ya hablaremos cuando me atreva a ver todas las películas que componen la saga -, Catherine Hardwicke realiza esta especie de revisión del cuento de Caperucita Roja para quinceañeras con las bragas húmedas. En este cuento no faltan pues, lucha entre varones por el amor de la protagonista, polvos en el granero y a la luz de la chimenea, una trama de lo más mentirosa que gira en torno a saber quién es el malvado hombre lobo, y por supuesto, ni un ápice de violencia ni erotismo.
Este cuento chic y con olor a compresa usada, nos cuenta la historia de Valerie, una rubia de ojos azules (muy hermosa, eso si), a quien su madre ya le ha elegido su futuro. Y es que la pobre Valerie se debe casar con un herrero con perras. Por otro lado está otro tipo, un tío con peinado raro (muy al estilo “crespusculiano”), un simple leñador, que quiere de verdad a Valerie. Bueno, en realidad ambos se aman desde que eran pequeños. Lo malo es que su madre no le gusta la idea que su hija se case con un hombre con poco porvenir… Qué más, que más… ¡Ah si! El poblado donde vive Valerie y los suyos está siendo atacado por un enorme hombre lobo a quien le ofrecen cerditos y cabritas con tal de que no ataque a ningún ser humano. Un buen día pero, la hermana de Valerie es atacada por el temible licántropo y es hallada muerta. Rápidamente se ponen en contacto con un sacerdote que combate hombres lobo para que acabe con él, y este les informa que el alobado se encuentra entre los miembros del vecindario. ¿Quién será el hombre lobo? ¿El tipo del peinado raro? ¿El herrero con quien se debe casar Valerie? ¿La abuela? ¿Su madre? ¿Su padre? Ay, que intriga más grande…
Bueno en realidad, a nadie le interesa un pimiento quién sea el hombre lobo. A nadie le interesa ver un enorme lobo de CGI que habla y busca a la “caperucita” del cuento. Aquí, por lo que se ve, lo que importa es saber con quien se queda la rubia y si el del peinado raro es bueno y se casará con ella. De hecho, ni siquiera vemos una transformación en lobo (algo imprescindible en una película del género licántropo), ni disfrutamos de alguna escena subidita de sangre, como tanto nos gusta. Escuchamos algunas cosas curiosas: gracias a esta película sabemos, por ejemplo, que si un hombre lobo te muerde durante las noches rojas (noches en las que la luna parece teñida de rojo), puedes transformarte en uno de ellos; que sólo una persona de su misma sangre puede entenderlos; y que un hombre lobo no pueden pisar tierra sagrada, como las iglesias y templos y cosas de estas.
¿Qué quieren que les diga? Caperucita Roja está más cerca de la insoportable saga Crepúsculo que del cuento de los hermanos Grimm. La hermosísima Amanda Seyfried, una actriz con mucho magnetismo y sensualidad (vean Chloe para comprobarlo), está totalmente desaprovechada, Gary Oldman no parece Gary Oldman, Billy Burke repite el mismo papel que en la maldita saga de los vampiros purpurina (Crepúsculo, of course), y Virginia Madsen, otrora actriz de clásicos indiscutibles como Candyman, se dedica a poner morritos durante gran parte del metraje.
No lo soporto, lo siento… Esto es una estafa… Las adolescentes nunca deberían haber entrado en terrenos que no comprenden. Por favor, Meyers de turno, Hardwicks y compañía, dejad en paz de una vez a los vampiros y a los hombres lobo. Ellos se encuentran muy bien en sus películas de terror y no necesitan enamorarse de ningún/a adolescente con las hormonas a flor de piel. De verdad, están muy bien en filmes como Aullidos, El hombre lobo o En compañía de lobos, otra película infinitamente mejor y sin amor ñoño, que tocaba el cuento clásico de la Caperucita Roja.
Y ahí queda dicho. Ya están advertidos. Hasta la próxima luna llena. AAUUUUUUUUUUU! 

sábado, 19 de marzo de 2011

EL BIGFOOT: UN MITO VISTO A TRAVÉS DEL CINE

Fotograma del falso documental Bigfoot (Rob Gimlin & Roger Patterson, 1967).

Siendo este un blog donde se habla del cine licántropo en todas sus vertientes, (síndrome de Ambrás y otros monstruos peludos incluidos), no podía faltar un post dedicado única y exclusivamente al subgénero bigfoot. De hecho, tenemos una película que trataremos a su debido momento en la que se une al hombre lobo con el yeti, y que no es otra que La maldición de la bestia (Miguel Iglesias Bonns, 1975), sexta entrega de las aventuras de nuestro licántropo patrio, Waldemar Daninsky.

Bigfoot, píes grandes, el hombre de las nieves, el yeti o sasquash… Diferentes son los nombres que se han utilizado para denominar a ese ser críptido e imaginario, cuyo origen jamás se ha llegado a resolver ni probar. ¿Es un ser primitivo que ha conseguido llegar hasta nuestra época? ¿Una especie descendiente de los simios? ¿O tal vez sólo sea un hombre asilvestrado, cuyo modo de vida y metabolismo se ha modificado con el paso del tiempo para sobrevivir en las frías montañas nevadas o en los bosques más frondosos? El folklore que existe en torno a esta criatura es tan variado que resulta harto difícil determinar lo qué es en realidad eso que llaman un “bigfoot” y similares. Así pues, con tal de llegar a averiguar algo más acerca de estos seres, hagamos un amplio recorrido por diferentes películas, no todas pero si las más singulares, que han abordado este tema.

Hábitat natural y terminología

Aquí estamos tratando el tema globalmente aún cometiendo el error de no diferenciar el término yeti o abominable hombre de las nieves, - utilizado para el ejemplar que habita en las montañas del Himalaya -; del bigfoot o sasquash, - utilizado para el ejemplar que corre por los bosques estadounidenses -. Salvando las distancias entre ambos, pues según parece son diferentes entre sí, podríamos decir que tanto unos como otros bien podrían ser la misma especie, siendo lo único que los diferencia su lugar de procedencia y pequeños rasgos.
Rogando pues que perdonen el atrevimiento de mezclar ambos, y que aunemos todo con el término "bigfoot”, ahora sí, pueden continuar con la lectura.


El bigfoot, ¿un ser pacífico?

Pues si tomamos como punto de partida la cinematografía que existe a su alrededor, podemos llegar a tildarlos como seres pacíficos, bondadosos e incluso inteligentes. Buena prueba de ello lo encontramos en el magistral clásico dirigido por Val Guest para la Hammer, la excelente El abominable hombre de las nieves, que nos sitúa en los lejanos parajes del Tíbet, concretamente en las cordilleras del Himalaya, para contarnos la historia de un grupo de exploradores que se aventuran por dichas montañas para encontrar al abominable hombre de las nieves. Ante las advertencias del mismísimo (Dalai) Lahma (Arnold Marlé), que les avisa sobre el peligro que corren sus vidas, el Dr. John Rollason (Peter Crushing) hace caso omiso y junto a su equipo se dispone a encontrar a la criatura. Poco a poco pero, algunos de los integrantes irán pereciendo violentamente, y aunque en un principio nos imaginemos que los yetis son unas bestias temibles, finalmente resultan ser unos seres sabios y pacíficos que aguardan pacientemente en lugares recónditos la extinción (¿o deberíamos decir autodestrucción?) del, este sí, violento ser humano, para después expandirse por todo el mundo (!). Como vemos, a pesar de ser pacíficos, no deja de inquietar la idea de que el yeti espere durante siglos y siglos la desaparición del hombre para después proceder a una pacífica conquista de la tierra. Es decir, bajo todo ese halo de pacifismo, las intenciones de estos no dejan de ser turbadoras y alarmantes.

Al otro lado se podría situar otro filme, aunque éste de calidad muchísimo inferior. Se trata de Night of the demon (James C. Wason, 1980), - conocida por estos parajes como Bigfoot Sangriento -, película que nos sitúa en los asilvestrados bosques estadounidenses, donde nos topamos con un bigfoot que está a las antípodas del del clásico de Guest, es decir, nos encontramos con una violenta bestia que aniquila hombres sin piedad, utilizando además métodos nada sutiles. De ese modo, dicho sea de paso, veremos unas sangrientas muertes que comprenden desde desmembramientos varios a lanzamientos de humanos emulando el olímpico lanzamiento de martillo. También veremos algunos coitus interruptus propiciados por el gigante peludo, y descubriremos como es la visión del monstruo mediante la cámara subjetiva (caracterizada por estar rodeada de un halo rojo). Pero lo más significativo puede que sea la violación del bigfoot a una linda jovencita que después quedará encinta (¡!), tema que abordaremos más adelante.

¿Pero el bigfoot es en realidad un ser malvado? Si partimos de la esperpéntica Man Beast, de Jerry Warren (1), nos encontramos con unos yetis de lo más estrafalarios que irán siguiendo los pasos de nuestros protagonistas con no muy buenas intenciones. Pero más tarde descubrimos que estos no son más que meras marionetas que están a las órdenes del hombre que les guía (George Skaff), quién en realidad controla a las bestias. No nos equivoquemos, seguramente Warren sabía de lo que hablaba cuando exponía que quizás los yetis pueden ser controlados por humanos. No se dejen engañar por las caretas y los disfraces de baratillo que lucen en la película. Sin ir más lejos, en la reciente producción mainstream, La momia: la tumba del emperador dragón (Rob Cohen, 2008), tercera entrega de la momia de Stephen Sommers, se nos muestra que los yetis pueden ser controlados por los tibetanos, aunque en este caso en vez de ir en contra de los protagonistas, les ayudan, es decir, son buenos. Por lo tanto y aunque su aspecto nos pueda hacer pensar que son bestias terroríficas, su comportamiento puede depender muy mucho de quien les dé las ordenes. Así que ya saben, antes de echarle las culpas a un bigfoot, investiguen quién anda detrás…

Píes grandes, corazón caliente

Tal y como hemos comentado en este mismo blog con filmes tan descacharrantes como The Geek y The beauties and the beast, el sexo entre humanos y píes grandes es posible. No por menos, tal y como ya hemos apuntado anteriormente, de un coito incluso se puede producir el cruce entre ambas especies, ya que en la nombrada Night of the demon llegábamos a ver el nacimiento de un engendro mitad humano mitad bigfoot. En este caso concreto, el llanto del recién nacido es substituido por una suerte de grito de chimpancé totalmente grotesco y ensordecedor, lo cual nos hace pensar que posiblemente el abominable hombre de las nieves, pueda descender del mono al igual que el hombre. Además, tal y como vemos en la película, después del coito, esta bestia adopta un comportamiento afable con la víctima, cosa que implica que estas criaturas tienen sentimientos y son capaces de enamorarse… incluso de un ser humano…

Buena prueba de ello es Yeti, el gigante del siglo 20 de Gianfranco Parolini, una suerte de explotation del King Kong de los 70, donde el simio gigante es sustituido por un enorme yeti. Tal y como ocurría en la producción de De Laurentiis, aquí nuestro abominable hombre de las nieves, encarnado por Mimmo Craiq, se enamora platónicamente de Jane (Antonella Interlenqhi), siendo la escena más representativa aquella en la que la joven, llevada a cuestas por la bestia, apoya una de sus manos sobre el pecho desencadenando que a nuestro yeti favorito se le endurezcan los pezones como muestra de excitación (¡!).
Otra prueba de que el yeti pudiera tener otros aspectos humanos, es la búsqueda de una unidad familiar. En la película de Parolini, sin ir más lejos, el yeti llega a adoptar al niño que acompaña a Jane, y les llegará a buscar alimento para después ofrecérselo como cualquier animal hace con sus crías. En El abominable hombre de las nieves, el clásico de Guest, los yetis son retratados como una comuna muy unida, así que cuando uno de ellos es abatido por uno de los exploradores, intentan hacerse con el cuerpo para darle sepultura.

Siguiendo en esta tesitura, no puede faltar una película made in Walt Disney para televisión, Bigfoot (Danny Huston, 1987), la única, salvo error, que muestra claramente dos ejemplares de sexo opuesto, teniendo la hembra un aspecto claramente femenino. En dicho telefilm, esta pareja de píes grandes adoptan a unos niños que se pierden en el bosque y los cuidan con todo el amor del mundo. No he podido hacerme con ninguna copia para rememorarla, pero creo recordar que al final del metraje veíamos incluso como la hembra quedaba embarazada, algo realmente inédito en una película de estas características. En The capture of the bigfoot (Bill Rebane, 1979), por otro lado, vemos a un bigfoot adulto con su cría. Ésta llegará incluso a confraternizar con un niño, cosa que no ve con demasiados buenos ojos papá o mamá bigfoot (no queda muy claro), ya que sabe muy bien que los seres humanos no son “animales” de los que uno se puedan fiar. Y así es, el bigfoot es capturado por los malvados humanos, pero gracias al nombrado niño es finalmente puesto en libertad y vuelve a reunirse con su pequeño retoño, cosa que por otro lado parece agradecerle mediante una pequeña mirada a modo de “adiós… y gracias”.

Volviendo al tema de la sexualidad en los bigfoots, puede que la más rocambolesca muestra la encontremos en la, nunca mejor dicho, “abominable” Yeti: a love story (Adam Deyoe & Eric Gosselin, 2006), filme distribuido por la Troma, en la que comprobamos que incluso un yeti puede llegar a mantener relaciones sexuales con un ser del mismo sexo. Pero al no haber más ejemplares de la misma especie, cosa que casi siempre suele ocurrir en este subgénero, - los bigfoots y demás, suelen ser retratados como seres solitarios -, la criatura del film tendrá algún escarceo sexual con un hombre (con ¡felación incluida!).

Domando a la bestia

Ahora sí. ¡Ha llegado el momento! Como es lógico no podía olvidarme de esa magistral obra maestra de la Walt Disney dirigida por William Dear, Bigfoot y los Henderson, (1987). Un film que demuestra que los bigfoots pueden llegar a ser unas bestias dóciles e inteligentes. Pero, ¿se puede domesticar a un bigfoot? No nos equivoquemos, un bigfoot no es un perro, la tortuguita del terráqueo o la boa constrictor que uno pueda comprar en una tienda de animales exóticos. Las dimensiones del animal, como imaginan, difieren muy mucho de otros animales domésticos (o no) que uno adopte en casa. Desde luego los Henderson, capitaneados por el genial John Lithgow, tienen un valor y una paciencia inigualables.
Bigfoot y los Henderson cuenta la historia de una singular familia que, tras haber atropellado a un gigantesco píes grandes mientras conducían a toda prisa por el bosque, deciden llevarlo a casa y una vez allí mantenerlo en secreto (algo que obviamente no será muy fácil). El bigfoot aquí, excelentemente maquillado por Rick Baker (ganador a su vez del Oscar en esta categoría por esta película), devendría la mejor aproximación del mito de los que se han realizado hasta la fecha. Pero no por ser un estudio riguroso del mismo, - ¿quién es el valiente que lo puede hacer? -, sino por el esfuerzo que se intuye en esta película a la hora de otorgar una personalidad al monstruo. Es por ese motivo que siempre, cuando uno lo compara con las demás producciones que abordan el tema, se percata que, efectivamente, así es como debería ser un bigfoot. No por menos, dicha película, supondría el inicio de una simpática serie de televisión que se vio interrumpida por la repentina muerte Kevin Peter Hall, actor afroamericano que además de éste, interpretó ese mismo año otro de los grandes monstruos de la ci-fi actuales: el alienígena que se enfrenta al mismísimo Arnold Schwarzenegger en Depredador (John McTiernan, 1987).

Kevin Peter Hall, jugador de baloncesto, aprovechó su estatura para hacer sus pinitos en el cine. De ese modo paseo palmito en algunas series de televisión como Los rebeldes de la ciencia, Star Trek y la serie 227, así como en papeles no muy destacados para el cine; hasta que en 1986 y de la mano de la Troma, se caracteriza de monstruo en Un monstruo en el armario, lo cual desencadenaría que fuera contratado con “enormes” resultados en las dos producciones detalladas anteriormente y que, por si fuera poco, apareciera en una de sus continuaciones, Depredador 2 (Stephen Hopkins, 1990). Lamentablemente, como ya hemos apuntado, la carrera del actor se vio truncada al sufrir un aparatoso accidente de coche y contraer el SIDA al serle realizada una transfusión con sangre contaminada. Peor no le podía haber ido al muchacho…

Harry, nombre que le otorgan al bigfoot, es en la película un píes grandes de mirada dulce y llena de humanidad, aunque también tiende a mostrar su ferocidad si la ocasión lo requiere. Una vez más, tal y como hemos apuntado anteriormente, el bigfoot, es decir, Harry, se mostrará afable con la familia que le acoge y suministrándole algunos terrones de azúcar podrá acatar ordenes como la de sentarse (aunque con resultados algo desastrosos debido a su peso y fuerza). A lo largo de la película también veremos como es capaz de utilizar por sí solo su intelecto y salir de algunas adversidades, como cuando, en mitad de un embotellamiento, Harry proceda a emular la sirena de una ambulancia para abrirse paso entre los coches.

Sin ningún género de dudas, el bigfoot Harry es el ejemplar más tierno, amable, pacífico y ñoño de todas las producciones de este tipo. Con una ternura que llegará a resultar a veces insultante (con regalo de florecillas incluida). Por lo tanto, una vez más, el hombre volverá a convertirse en el monstruo más terrible de todos. Así que cuando es puesto en libertad, Harry, confiado de la amabilidad de los Henderson y por ende de la raza humana, se muestra reticente y reniega a volver al lugar de donde proviene, cosa que obliga a Lithgow a responderle violentamente para que entienda como es el ser humano en realidad. Y e aquí el punto que siempre recorrerá al ser humano y el de este blog, “el hombre es un lobo para el hombre”, “homo homini lupus”, que dicen. El mayor enemigo del hombre es él mismo.

Como conclusión final, los bigfoots, los sasquash, los yetis y demás, a la vista está, son simplemente bestias que actúan según su instinto. Unos amables, otros violentos, otros desconfiados del hombre… Pero son sólo eso, animales. Animales mas o menos inteligentes que representan el espíritu libre y salvaje de los paramos nevados y forestes que han ido invadiendo el ser humano con el paso de los años. Devastándolo todo. Destruyéndose a sí mismo.

(1) Director de algunas simpáticas películas de terror/ci-fi de los 50/60, así como el encargado de rodar algunas escenas adicionales de la mexicana (y licántropa) La casa del terror para el mercado USA.