“Ningún hombre conoce lo malo que es hasta que no ha tratado de esforzarse por dejar de serlo”. Clive Staples Lewis.

lunes, 29 de octubre de 2012

THE CABIN IN THE WOODS (2011)




Dir.: Drew Goddard

En uno de los momentos más celebrados de (los) “Funny Games” de Michael Haneke, uno de los jóvenes asaltantes cogía un mando a distancia y rebobinaba el asesinato de su compañero para evitar su muerte. De ese modo la violencia tomaba el control de la película y demostraba que no había redención para las víctimas. En “The cabin in the woods” se intenta hacer algo por el estilo y nos presentan a un grupo de jóvenes que son escogidos para ser sacrificados al espectador sin que (obviamente) lo sepan. Con ese sacrificio se evitará que las diversas criaturas del mal emerjan a la superficie y se apoderen del mundo. Aquí, como en casi todas los slashers que se vienen estrenando desde principios de los ochenta, el guapo, el deportista, la fulana, el tonto/porreta y la chica virgen de turno, se las tendrán que ver con una fuerza del mal (escogida al azar para la ocasión). Y si el marco donde sucede la acción es una cabaña en mitad del bosque, el homenaje a “Posesión Infernal” o “Viernes 13” está más que asegurado. Pero “The cabin in the woods” no se queda ahí y los homenajes/guiños se multiplican constantemente. De hecho, volviendo a “Funny Games”, se hace un claro homenaje a ésta al irrumpir el título “THE CABIN IN THE WOODS” en rojo y a golpe de guitarra metalera al inicio del film. Sin embargo el guiño u homenaje a “Funny Games” no es casual, pues tal y como decíamos, tanto aquí como en la película de Haneke unos sujetos tendrán mucho que ver en el desgraciado devenir de las víctimas sin que éstas puedan hacer nada por impedirlo. Eso si, si en “Funny Games” la escena comentada del mando era una declaración principios de su autor, en la cinta de Goddard nos adentramos en una premisa meramente fantástica y los que toman el mando del “horror” son una entidad secreta que, mediante diversas cámaras ocultas y otras tantas trampas, conducirán a los protagonistas por el “guión” establecido y tan torpemente sobre explotado durante años. Por lo tanto, un gas que aumenta la testosterona o un tinte para el cabello que sube la libido, serán algunas de las artimañas que utilizarán estos sujetos para que nuestras víctimas tomen las decisiones más desafortunadas en los momentos más importantes.


Pero no nos engañemos, lo que nos propone Goddard y Weddon, los guionistas del film, no es un mero homenaje al cine de terror de los últimos tiempos aunque lo critiquen y amen sin contemplaciones. En “The cabin in the woods” hay un mensaje bien claro: hay que romper con los cánones establecidos y ese leit motiv llega a su máxima expresión cuando, allá al final de la película, los propios protagonistas/víctimas terminen convirtiéndose en verdugos. Pero no sólo verdugos de sus propios verdugos – algo que, más o menos uno se podría esperar -, sino en verdugos de toda la humanidad. He aquí la gran diferencia entre “Funny Games” y “The cabin in the woods”: en el caso que nos ocupa, tal y como vemos, no hay redención para nadie. Puede que por ese motivo sea una de las cintas de terror más valientes de los últimos años, amén de la exquisita y desmadrada trilogía de “Feast” de John Gulager.


“The cabin in the woods”, que saldrá directa en DVD aquí en España por culpa, según dicen, de la piratería (¿no será más bien por desgana?), nos regala algunas escenas antológicas, como el ardiente coqueteo que se marca Anna Hutchison con un lobo disecado o el salto al vacío de Chris Hemsworth montado en una moto, pero quizás los amantes del género queden extasiados de gusto en el tramo final de la película, cuando las fuerzas del mal queden descontroladas y un montón de criaturas queden en libertad y se vuelvan contra la organización que los tenía encerrados. El ultrahomenaje está asegurado y decenas de guiños se sucederán por segundo. Desde el payaso de “It” de Stephen King, a una especie de cenobita con sierras en la cabeza que parece sacado del “Hellraiser” de Clive Barker. Una competición repleta de añoranza que termina con una pesimista traca final que hace que el espectador comprenda que hay que terminar con todo esto y dar paso a un “nuevo tipo de película” o simplemente, tal y como dicen, una “nueva especie”. Vamos, que hay que lo que propone “The cabin in the woods” es hacer una especie de REVOLUCIÓN dentro y fuera de la pantalla.




(Nota: Por cierto, que casi lo olvidaba: entre tanto zombi y tanto monstruo no puede faltar un ejemplar de hombre lobo de lo más efectivo y hermoso que, aunque tiene una breve aparición en el film, su papel tendrá bastante miga. Ojo). 

domingo, 30 de septiembre de 2012

PSICOTRONÍA LICÁNTROPA VIII: AN AMERICAN WEREWOLF IN LONDON XXX (2012)


A continuación les dejo algunas capturas de la parodia porno que se ha perpetrado este año entorno al clásico de Landis, su título "An american werewolf in London XXX" (el título no es muy original que digamos) y está dirigida por Jim Powers... La verdad es que apenas se puede comentar nada de esta desfachatez absoluta, salvo que sigue casi a píes juntillas la trama de la original y que tiene algún momento de lo mas estrambótico y cutre salchichero, sino vean esas dos zombis haciendo guarrerías españolas... 










viernes, 31 de agosto de 2012

LOBOS DE ARGA (2012)




Dir. Juan Martínez Moreno.

Tomás, un joven escritor con no demasiado éxito, vuelve a Arga, un pequeño pueblo de Galicia donde pasó su infancia y que al cabo de los años pretende convertirlo en hijo predilecto. Una vez allí, Tomás no tarda en reencontrarse con viejos conocidos como Calisto, un amigo de la infancia, o su tío Evaristo, quien se ha convertido en el alcalde y cura del pueblo. Mientras espera con orgullo recibir el reconocimiento, el desgraciado novelista verá que la verdadera intención de los habitantes de Arga es sacrificarlo, pues es el último vástago de los Mariño, una familia sobre la cual pesa una terrible maldición.


Si repasamos la filmografía española comprobaremos que no existe un solo título que sea netamente de hombres lobo desde la última entrega de la saga Waldemar Daninsky, que se despedía de una manera decepcionante con la nefasta “Licántropo: el asesino de la luna llena” (Francisco Rodríguez Gordillo, 1996). Por ese motivo, puede que los amantes del género estemos de enhorabuena. Y no sólo porque nos hallemos ante una película con un diseño de producción envidiable en la que el humor y el horror se dan de la mano con bastante buen tino, si no porque se podría decir que “Lobos de Arga” es el único film español que ha ambientado la licantropía en su territorio nacional con todas sus consecuencias fantásticas. Y es que si volvemos a echar la vista atrás, las únicas películas que tratan este subgénero son las ya nombradas películas de Paul Naschy – cuyo personaje Waldemar Daninsky, recordemos, tenía orígenes polacos -, y de manera muy distinta la excelente “El bosque del lobo” (Pedro Olea, 1970) y “Romasanta, la caza de la bestia” (Paco Plaza, 2004), dos filmes que abordaban al lobisomem gallego de una manera más realista y alejada del fantástico y que estaban basadas ambas en la figura de Manuel Blanco Romasanta - el único hombre condenado por licantropía en España del que se tiene constancia -, aunque habría que apuntar que el filme de Plaza se queda en tierra de nadie al mostrar de repente una extraña y breve transformación de hombre a lobo (muy potente, por cierto) que no encaja para nada con el tono usado durante el resto del film. Lejos de estos ejemplos, tan sólo podemos apuntar breves apariciones sin importancia en títulos como “Un vampiro para dos” (Pedro Lazaga, 1965) o “Buenas noches, señor monstruo” (Antonio Mercero, 1982), así que podemos asegurar que al fin se ha hecho en este país una película de “hombres lobo” verdaderamente castiza.



Juan Martínez Moreno, director de la interesante “Dos tipos duros” (2003), toma prestado el humor gamberro de “Zombies Party” (Shaun of the dead, Edgar Wright, 2004) (1) para contarnos esta rocambolesca historia de licántropos que viene encabezada por un excelente y solemne prólogo narrado mediante unas impecables ilustraciones. Dicho prólogo nos adentra en la típica película de hombres lobo de aires góticos - con su gitano correspondiente y la imprescindible maldición que cae sobre la familia de turno, en esto caso la de los Mariño – para después, saltar un siglo y relatarnos las desventuras de Tomás en un tono mucho más jocoso e informal. De hecho, aunque Martínez Moreno haya declarado que entre sus fuentes de inspiración se encontraba la imperecedera “Un hombre lobo americano en Londres” (An american werewolf in London, John Landis, 1981) - con su cuidada mezcla de humor y terror -, durante el visionado de “Lobos de Arga” se hace plausible que el realizador y guionista ha echado mano de la nombrada cinta de Wright, film que también le sirvió de guía a la hora de escribirlo, tal y como ha confesado. Así pues, en lo que a comedia se refiere, “Lobos de Arga” es algo irregular pues tiene momentos que funcionan muy bien, como por ejemplo, la escena en la que Tomás es obligado a cortarse un dedo; y otros totalmente fortuitos y cansinos, como la reincidencia que se da durante la película sobre el pasado como follaovejas de Calisto. Los disparatados personajes del film son algo estereotipados – el escritor fracasado, el editor embaucador, el amigo tonto del pueblo… - y quizás carezcan de algo de profundidad, pero los actores sacan provecho de una vis cómica en estado de gracia y Gorka Otxoa nos regala la mejor actuación de su carrera desde el Chema de “Pagafantas” (Borja Cobeaga, 2009). A pesar de lo dicho, algún personaje se sale de madre, como el guardia civil interpretado por Luis Zuhera, que pasa de ser un funcionario más bien simplón a un héroe que parece salido de “Jungla de Cristal” o “Rambo” (aunque al menos rompe con el estereotipo de picoleto cuadriculado del que hace gala su torpe compañero, ya que, según cuenta, lee a Poe y a Lovecraft).


El apartado terrorífico del film es el que mejor funciona, pues “Lobos de Arga” tiene el enorme acierto de no utilizar los dichosos efectos infográficos para recrear a los hombres lobo y sus transformaciones – recurso que ha venido lastrando la mayoría de producciones de este género durante los últimos años -, aunque si que se utiliza algún morphing de manera escueta. Estamos por tanto ante una película que hace un buen uso del maquillaje y que tiene un diseño de las bestias que haría palidecer al mismísimo Rick Baker. Pero además consigue escenas de una gran tensión como las recreadas en las mazmorras - que quizás quieran evocar a las producciones daninskianas de los setenta-, aunque a veces, todo hay que decirlo, el continúo sentido del humor socarrón de la película las eche por tierra como ya apuntábamos anteriormente.


También habría que apuntar que “Lobos de Arga” se toma algunas licencias respecto a otras películas de hombres lobo, pues en el caso que nos ocupa no es necesario la plata para terminar con los licántropos, si no que por el contrario cualquier arma sirve para liquidarlos llegando al punto de llegar a utilizar ¡¡estacas!! Por lo demás nos hallamos ante una historia solvente que sabe jugar con la incertidumbre que se crea entorno a los designios de la maldición, pues como comprobaremos, no resulta tan fácil terminar con ella como con los alobados del film.

(1)De hecho parece un tanto paradójico que el título que se le ha dado a la película en el Reino Unido sea “Party of Wolves”. ¿Estamos ante una venganza por el ridículo título que se le dio a la película de Wright en el mercado español?

jueves, 2 de agosto de 2012

WOLF GIRL (2001)



Dir.: Thom Fitzgerald

Tara Talbot (Victoria Sánchez) es una chica con hipertricosis (enfermedad conocida como el síndrome de Ambras) que es exhibida en un circo ambulante como la mujer lobo junto a otros fenómenos. Pero lejos de su monstruosidad física, Tara es cariñosa y delicada, una chica de buenas maneras además de la favorita del dueño del espectáculo Hareley Dune (Tim Curry), que se preocupa por ella... y también por el comportamiento cada vez más cruel del público. La pobre Tara agobiada por las continúas burlas de los asistentes y deseosa de llevar una vida normal, decide probar un suero que un joven introvertido le ofrece y con el que conseguirá curarse de su enfermedad.


No se dejen engañar por su estética de telefilm, posiblemente estamos ante una de las mejores películas que se han realizado sobre el tema. Y es que aunque Wolf Girl no se pueda clasificar como una película propia de licántropos, este cuento negrísimo ambientado en el cabaretero mundo de los Freaks que Browning llevó a cabo a principios de los años treinta – con sus fenómenos auténticos y todo -, se erige como uno de las propuestas más ingeniosas y originales de los últimos años. No, no estamos ante una película al uso que nos explica que la belleza está en el interior y que querer cambiar nuestro físico no soluciona nada (aunque si, eso es lo que explica), Wolf Girl no se queda con una mera moraleja y lleva su trama hasta el límite con bastante mala baba y giros cargados de una plausible ironía. Véase esa revelación que se da durante la película frente al espejo y que viene dada por el malo de la película interpretado por Shawn Ashmore (X-men, Bajo cero).

Grace Jones realiza un pequeño papel de hermafrodita en el film.
En Wolf Girl por tanto, gracias a ese suero experimental que prueba la protagonista, vemos una transformación inversa (que se irá dando paulatinamente durante parte de la película) en la que pasa de ser un monstruo, un jodido fenómeno de feria, a una chica con un encanto físico indiscutible. Pero tras ese físico arrebatador (con todas sus cosas en su sitio y muy bien puestas) - gracias al cual la chica consigue ser aceptada y querida fuera de la feria -, se esconde una sed de venganza mortal y un dramático descubrimiento: la sociedad más normal está desquiciada.


La joven Tara Talbot (atención a ese guiño obligatorio al clásico de Georges Waggner), interpretada por la canaria Victoria Sánchez - afincada en Canadá desde 1985 -, nos regala en esta film una interpretación memorable. A pesar de estar cubierta de pelo durante gran parte del metraje, Sánchez no se arruga un solo instante y desempeña su papel con convicción e incluso llega a realizar un desnudo peludo que quedará para la posteridad. Gracias a este papel la española estuvo nominada a la mejor actriz en los premios Fangoria Chainsaw del 2003, aunque finalmente el galardón le fue arrebatado por la pija de Naomi Watts por su interpretación en La Señal. Injusta que es la vida, ay…


Por último apuntaremos que parece ilógico que esta excelente película haya pasado tan inadvertida en nuestro país, pues su calidad es indiscutible. Aunque también es verdad que al menos ha salido editada en DVD, cosa de agradecer y más viendo como funcionan las cosas por aquí. Si tienen ganas de pasar un buen rato y descubrir una película sorprendente y llena de elementos muy interesantes, no se la pierdan. Palabra de lobo. 

martes, 3 de julio de 2012

13 HRS. (AKA NIGHT WOLF) (2011)



Dir. Jonathan Glendening.

Sarah (Isabella Calthorpe) vuelve a su antiguo hogar después de muchos años. Una vez llega se percata que nada parece haber cambiado: su padre sigue amargado por las deudas y sus hermanos y amigos, siguen siendo unos estúpidos irresponsables cuya principal meta es drogarse y fornicar todo lo que puedan. Su madre, por otro lado, separada desde hace años del padre de Sarah, también llegará a casa durante esa noche cargada de misterios.


Piensen bien en ello, una casa en mitad del campo, una noche, un grupo de chavales y un hombre lobo. La cosa pintaba bien, pero esta vez ni el escaso presupuesto ni el guión consiguen llevar a buen puerto esta excelente premisa. Y es que todo en Night Wolf (o 13 Hrs.) es más que predecible y está cargado de estúpidos clichés. Que si los jovencitos fuman porros y beben, que si les entran las ganas de follar cuando van a morir, que si ahora meto una torpe intriga para dar la sorpresa al final. ¿Sorpresa? ¡Qué sorpresa, por favor! Supongo que al leer la escueta sinopsis con la que hemos empezado, más de uno sabrá quien es el hombre lobo de la película. ¿O debería decir la mujer lobo de la película? Si amigos, pero no sólo una licántropa aparecerá en este film, sino dos y además mantendrán una “intrépida” lucha final.


Una vez expuesto que en esta “Night Wolf” la cosa no funciona muy bien y que se quedan a medias en todo (no hay apenas violencia, nada de tetas [pese a que algo de sexo hay] y es tan políticamente correcta que vergüenza da en algunos momentos), vayamos directos al grano y centrémonos en lo que nos interesa, los licántropos. Pues bien, como era de esperar no conseguimos ver al alobado en cuestión hasta el final de la película. Si, ya sé, el presupuesto no da para tirar cohetes y hay que evitar derrochar la pasta todo lo que uno pueda, pero claro, luego llega la aparición del lobo humano y la tragedia cobra dimensiones desproporcionadas. Y es que porque sabemos de antemano que la película va de hombres lobo - hasta uno de los protagonistas define al monstruo como un enorme “perro rabioso" - porque si no es por ello ¡quien iba a decirnos que lo que estamos viendo es un hombre lobo! Para empezar, el ejemplar que aparece en el film no tiene ni un solo pelo por el cuerpo. Pero no sólo eso, una vez la persona maldita recobra su forma humana comprobaremos que, por arte de magia, ha perdido toda el pelo de la cabeza (que no de las cejas y, suponemos, de las zonas más íntimas [eso hubiera estado bien, eh… Imaginen que se quede calva pero que el bello púbico permanezca intacto, una pena que hayan sido tan cobardes a la hora de enseñar carne]. También comprobaremos que gracias a una mordedura de licántropo uno se recupera más rápidamente de las heridas y que se vuelve mucho más ágil. Sólo eso, pues como hemos apuntado, todo resulta bastante pobre. Pobre en presupuesto (algo que en realidad, no tiene porque importar), en intenciones y en ideas. Una lástima. 


lunes, 4 de junio de 2012

LOBO (1994)



Título original: Wolf
Dir. Mike Nichols



A principios de los noventa hubo un intento por resucitar los monstruos clásicos del terror. La Columbia se afanó en limpiar de polvo y telarañas esas antiguas películas de la Universal y renovó los clásicos de Mary Shelley y Bram Stoker (ambos de la mano de Francis Ford Coppola, dirigiendo la nueva versión de Drácula y produciendo la de Frankenstein), además de realizar una historia sobre hombres lobo trasladada a la época actual y al mundo de los negocios. Aquí no hay Larry Talbot que valga ni tampoco base literaria importante - como por ejemplo lo es la novela de Guy Endore “El hombre lobo de París” (¿para cuando una versión fidedigna de este clásico?) -, sin embargo el reparto no tardó en llenarse de grandes estrellas. Así el trío protagonista estaría encarnado por Jack Nicholson (que, al parecer, llevaba 12 años intentando levantar este proyecto), Michelle Pfeiffer y James Spader, mientras que el reparto de secundarios se completaría con algunos actores de la talla de Christopher Plummmer y el siempre genial Richard Jenkins. Para dirigir esta película se escogió a un realizador no del todo idóneo para llevarlo a cabo (sobretodo si miramos el resto de su filmografía alejada del género terrorífico), Mike Nichols, pero que aún así consiguió un resultado más que aceptable, evitando que la débil historia hiciera aguas estrepitosamente. El libreto por su parte viene firmado por el guionista y escritor Jim Harrison (Venganza, Leyendas de pasión) y el guionista Wesley Strick (El cabo del miedo), y nos cuenta la historia de Will Randall (Nicholson), el editor jefe de una editorial que es mordido por un lobo durante una noche de luna llena (una noche en la cual, la luna está más cerca de la Tierra de lo normal) y verá como comenzará a desarrollar cualidades tales como un olfato y un oído finísimo, amén de un aspecto jovial y una entrega en la cama fuera de lo común. Pero por otro lado verá como su amigo y aprendiz Stewart Swinton (Spader) no sólo le roba el puesto de trabajo sino que además se la pegará con su mujer. Entonces el lado más feroz de Randall emergerá y marcará su territorio como un perro (antológica la meada a Spader en los urinarios), pero pronto comenzará a preocuparse cuando descubra que todos esos poderes que ha adquirido tienen su vertiente más peligrosa las noches de luna llena, sobretodo tras la aparición de su ex mujer muerta debido a los ataques de lo que parece ser una bestia salvaje. Convencido de que puede ser un hombre lobo, Randall decide ir a visitar al profesor experto en ocultismo, Dr. Alezais (Om Puri), y éste le entregará un collar de plata para evitar que su lado animal emerja durante los plenilunios. Pero además Randall contará con la ayuda de la bella (y gamberrota) Laura Alden (Pfeiffer).


Pese a que muchos parecen no ver con demasiados buenos ojos esta película, Lobo nos ofrece una digna muestra de licantropía bastante original y llena de puntos muy interesantes. Gracias a Lobo sabemos que no es necesario ser mordido por un hombre lobo para que la maldición sea transmitida, tan sólo basta la “esencia” del alobado para ser contagiado. Buena prueba de ello lo vemos al final de la cinta cuando nos percatamos que la Pfeiffer se ha convertido en una mujer loba sin que previamente haya sido atacada por ninguno de los dos licántropos que pululan por la película. Esto nos hace entrever que, quizás, una persona también puede convertirse en un lobo si mantiene relaciones sexuales con un licántropo, como es el caso del personaje de la Pfeiffer - macarra y marrana como nunca, pero recatada como de costumbre -, que mantiene una noche de sexo loco con un sufrido Nicholson. Pero también hay otros aspectos curiosos, como por ejemplo descubrir que en la zona mordida crecen unos minúsculos pelos o que, aún no habiéndose transformado en lobo, nuestro protagonista adquiere los poderes propios de la bestia, tales como una gran agilidad y un extraordinario olfato y oído. También llama la atención la utilización de un collar de plata con un extraño grabado para, tal y como apuntábamos anteriormente, impedir que la parte animal emerja del alobado durante las noches de plenilunio. En este punto resulta interesante el hecho de que además haya una persona – para la ocasión la enamorada del protagonista, la Pfeiffer - que se encargue de encerrar a la bestia con tal de que no haga daño a ningún ser humano, pues esa figura veladora también la hemos visto cientos de veces en las producciones daninskianas.


Pese a que los hay que tildan la película de impersonal y (su último tramo) de film de serie B (con presupuesto mainstream), lo más evidente es que Lobo, pese a sus defectos, es todo un clásico contemporáneo que arroja un punto de vista muy interesante al ya desgastado cine de licántropos. Desde luego, no consiguió reanudar el vuelo de este subgénero, pero que no se diga que no se intentó. Las actuaciones son impecables y el maquillaje de Rick Baker (más limitado y austero que de costumbre con tal de que la estrella pudiera ser reconocible), cumple su acometido con creces. Y qué decir de la excelente banda sonora de Ennio Morricone… Genial…



domingo, 6 de mayo de 2012

EL MONSTRUO RESUCITADO (1953)


Dir. Chano Urueta.


Puede que este blog se esté forjando a base de caprichos, pues este no es el único título que está cogido por los pelos con tal de incluirlo en la temática licántropa. ¿Pero que quieren que les diga? Se trata de Chano Urueta y a estas alturas no creo que sea necesario hablar de su meritoria carrera cinematográfica. Además El monstruo resucitado tiene una apasionante historia a sus espaldas llena de jugosos detalles que la hacen una obra maestra imperecedera.




Habría que dejar claro pues, que por que aquí no asoma ningún hombre lobo. Tan sólo vemos de refilón un hombre calvo y con barba – parecido a Sid Haig, pero aún más feo -, que tiene todo el cuerpo cubierto de pelo. Una bestia sin conocimiento que malvive encerrado en una jaula prisionero del Dr. Hermann Ling. Este siniestro ser, obediente a las peticiones del mad doctor de turno, será llevado a la fuerza al laboratorio donde su alma será “transplantada” al cuerpo de un hombre muerto… Muerto, si, pero con buena percha. Como ven, aquí tenemos al “monstruo” de la película (aunque la monstruosidad resida en su interior) y – si, cogida por los pelos -, esa “transformación” invertida (si es que se la puede llamar así) de bestia a hombre que tanto nos gusta por estos lares. Pero no adelantemos acontecimientos, centrémonos en la película y en sus brillantes hallazgos.


Anteriormente hablaba del mad doctor “de turno”… Ay, pobre de mi… ¿”De turno” dije? ¡Estamos ante una película de Chano Urueta, por Dios! Aquí no hay lugar para doctores malos y simplones que quieren vengarse de la sociedad. El Dr. Hermann Ling de la película, interpretado por el español José María Linares-Rivas, es un trasunto del fantasma de la ópera interpretado por Lon Chaney en los años 20. Y es que debido a una enfermedad que le ha deformado la cara se ve obligado a cubrir su rostro con un sombrero, unas gafas de sol y un pañuelo. Sólo así logra pasar desapercibido sin causar mayor espanto a las personas con las que se cruza. Pero aún así, el Dr. Ling necesita sentirse querido y en un arrebato de desesperación coloca un anuncio en el periódico ofreciendo una cuantiosa suma a cualquier mujer con mucha “sensibilidad” que esté dispuesta a someterse a una prueba. El anuncio consigue llegar a Nora (Miroslava Stern), una reportera que alentada por su jefe alemán (Fernando Wagner), ve en esta escueta nota el inicio de una apasionante historia. Y nada más lejos de la realidad. Tras quedar con el misterioso encapuchado, la apuesta reportera es conducida a su mansión donde será testigo de su horripilante fealdad. Esa era la prueba a la que se tenía que someter nuestra rubia protagonista, así que en un intento desmesurado por no vomitar, Nora consigue tenerse en píe para así lograr que el malvado doctor Ling utilice sus siniestros adelantos científicos en favor de la humanidad. A raíz de este milagro el Dr. Ling no encuentra ningún motivo para seguir haciendo el mal y piensa que, por fin, ha encontrado el amor (o al menos, algo que se le perece). Pero ya sabemos todos como son las mujeres, así que Nora aprovechará esta historia para escribir el artículo que la haga rica, cosa que hace enfurecer al horrendo doctor. A partir de aquí empieza lo apasionante de El monstruo resucitado, pues el Dr. Ling decide terminar con Nora sin ensuciarse sus manos. Para ello decide robar el cuerpo de un joven y… Bueno, esto ya os lo he contado.

El "monstro" de la película (como ven, ¡está bueno!).
 El “monstruo resucitado” de la película (Carlos Navarro) es un apuesto joven que, controlado telepáticamente por el Dr. Ling, intentará llevarse al huerto a Nora para después asesinarla. Cosas del destino (y del propio subgénero de los mad doctors), el “monstruo” termina volviéndose contra su creador al no obedecer sus órdenes y el Dr. Ling muere a manos de su creación en una batalla final épica que nada tiene que envidiar a la de los numerosos luchadores enmascarados que han poblado la filmografía mexicana. Pero es que, además, otra de las bazas de El monstruo resucitado es la latente homosexualidad que se respira a lo largo de la película y que viene representada por el deformado doctor – vean sino la extraña relación que guarda con su siervo o que el “monstruo” de la película sea, al fin y al cabo, un tipo guapo y atractivo -, y el odio hacia las mujeres que desprende dicho personaje.

"¡¡HORROR!!". Aquí Miroslava Stern lo pasa fatal.
El monstruo resucitado, una apasionante película en la que dentro del batí burrillo de influencias (desde Frankenstein a El Gabinete del Doctor Caligari, además de comprobar esos parecidos nada casuales con otras cintas, amén del ya nombrado parecido físico del doctor con el fantasma de la ópera protagonizado por Lon Chaney [¿seré yo o ese jefe del periódico donde trabaja Miroslava tiene un aire al Ciudadano Kane de Orson Welles?]) o de lo bizarra de su propuesta, se puede apreciar una sorprendente originalidad muy propia de aquellas joyas producidas durante los cincuenta y sesenta en México. Un pastiche impecablemente rodado por ese gran maestro que fue Chano Urueta y que, si no la has visto, te la tienes que tragar, ¡¡pero ya!! ¡¡Qué viva México, señores!!


viernes, 6 de abril de 2012

Psicotronía licántropa VII: EL CHARRO DE LAS CALAVERAS (1965)




Dir. Alfredo Salazar.

Alfredo Salazar, hermano menor de Abel Salazar (con el que ha colaborado en numerosas ocasiones en algunas producciones de la ABSA), ya apuntaba maneras al ser el hacedor de los libretos de obras maestras como El hombre y el monstruo (Rafael Baledón, 1959), El ataúd del Vampiro (aunque sin acreditar) (Fernando Méndez, 1958), La momia azteca contra el robot humano (Rafael Portillo, 1958) o, ya tirando por lo bajo, Frankenstein, el vampiro y compañía (Benito Alazraki, 1962), truño entrañable para mayor gloria del Loco Valdes (de la que por cierto, ya os hablé aquí), debutaba en la dirección con esta folletinesca historia de un nuevo justiciero encapuchado al más puro estilo El Coyote o El Zorro: ¡¡El Charro de las Calaveras!! Aquí nuestro héroe luce una manta puesta en la cara de color negro (que después pasa a ser una especie de antifaz). No se desprende de esta indumentaria ni para dormir, oigan (aunque se la quita fugazmente para confiarle a sus compañeros de viaje [un niño llamado Perico y un borracho tontorrón muy propio de estas pequeñas producciones chicanas, llamado Cleofas], su verdadera identidad), y según dice, la lleva puesta desde que decidió poner fin a los maleantes después del asesinato de sus padres. Él mismo nos explica en uno de los diálogos más pomposos de la película que el motivo de su antifaz es “porque la justicia no tiene rostro”. Así pues, el Charro de las Calaveras, como si del hombre más afortunado del mundo se tratara, se las tendrá que ver con el hombre lobo (en el film, “lobo humano”), con el vampiro y con el jinete sin cabeza. Así, sin más, por las buenas. Pero no se equivoquen, nuestro héroe enmascarado no tendrá que hacer frente a estos monstruos a la vez, sino uno por uno. El Charro de las Calaveras, queridos alobados míos, está contada como si de un serial se tratase, por lo tanto el Charro tan sólo dispondrá de unos treinta minutos aproximadamente para hacer frente al malvado de turno para después pasar al siguiente como si de un nuevo capítulo se tratase.

El vampiro...

El jinete sin cabeza... Pero con la cabeza (de plástico)...

Dicho esto, déjenme que pase un poco del “Jinete sin cabeza” (que busca su quijotera [una cabeza de plástico parlanchina encerrada en una caja]) y del “Vampiro” (que más que un vampiro es un hombre-murciélago [un Batman] que tiene la capacidad de convertirse en una rata alada de cartón en, prácticamente, un fundido), para centrarme en el “capítulo” del “lobo humano”.

El hombre lobo ¿intentando apagar la luz?
La primera aventura del Charro que es la que nos interesa, se centra en su lucha contra un licántropo vestido con una camisa de cuadros y que, a pesar de transformarse en lobo durante las noches de plenilunio, comprobaremos que sus ataques se perpetran a plena luz del día (bueno, toda la película está rodada de día - sin “noches americanas” de por medio -, por aquello de ahorrar en iluminación). La transformación del hombre-lobo se ejecuta de un modo realmente abrumador: el pobre se descompone hasta que sólo queda de él su esqueleto, para después recrearse y dar paso a la bestia. Todo esto, como es lógico, se ejecutará mediante cochambrosos fundidos de serie B tirando a Z.



Y vean la transformación cutre-salchichera que se lleva a término en... ¡¡"El Charro de las Calaveras"!!
El encuentro entre el Charro y el lobo humano es de lo más casual y no se hace esperar: nada más comenzar la película el monstruo ataca a un pobre campesino y a pesar de los disparos del Charro, logra escapar campo a través. Acto seguido, nuestro querido héroe se infiltra en una casa en la que habita la familia Alvatierra y no duda un solo instante en gorrearles algo para la merienda. Los Alvatierra viven aterrados ante los continuos ataques del hombre lobo y el Charro accede a ayudarles… Pero, ¿cómo saber quién se encierra tras la maldición de la bestia? Pues bien, entre ataque y ataque (incluyendo la muerte de la Sra. Alvatierra), y sin que nuestro apuesto justiciero pueda hacer nada para capturar al hombre lobo (siempre escapa), el amigo Salazar, también en funciones de guión, opta por la vía rápida: por ahí, por el metraje, salía una vieja loca que se reía y decía cosas absurdas frente a la cámara, así que el Charro, rizando el rizo de lo absurdo, decidirá pedirle cuentas a la vieja que, para sorpresa de todos, abrirá un ataúd del que emergerá un zombie sabiondo que le contará al Charro la verdadera identidad del hombre lobo. ¡¡Toma ya!! Una vez consigue acabar con el lobo humano, en realidad **SPOILER** papá Alvatierra **FIN SPOILER**, el Charro adoptará al hijo de éstos, Périco, y en un alarde de generosidad, al viejo borracho tontorrón Calofas, que pasarán a ser sus compañeros de correrías en las dos historias que restan.

El zombie sabiondo vende al lobo humano... 
Extraordinaria pelea entre el "lobo humano" y el Charro, oigan.
Esta película, como ven, es otra joya chicana más para la colección. El Charro de las Calaveras es otra obra estrambótica y llena de roña, pero con un alma pulp y aventurera que invita a la diversión y al entretenimiento. Por lo tanto, no se la pierdan cachorros. No me sean chingones. ¡¡El Charro de las Calaveras mola!!