“Ningún hombre conoce lo malo que es hasta que no ha tratado de esforzarse por dejar de serlo”. Clive Staples Lewis.

lunes, 4 de junio de 2012

LOBO (1994)



Título original: Wolf
Dir. Mike Nichols



A principios de los noventa hubo un intento por resucitar los monstruos clásicos del terror. La Columbia se afanó en limpiar de polvo y telarañas esas antiguas películas de la Universal y renovó los clásicos de Mary Shelley y Bram Stoker (ambos de la mano de Francis Ford Coppola, dirigiendo la nueva versión de Drácula y produciendo la de Frankenstein), además de realizar una historia sobre hombres lobo trasladada a la época actual y al mundo de los negocios. Aquí no hay Larry Talbot que valga ni tampoco base literaria importante - como por ejemplo lo es la novela de Guy Endore “El hombre lobo de París” (¿para cuando una versión fidedigna de este clásico?) -, sin embargo el reparto no tardó en llenarse de grandes estrellas. Así el trío protagonista estaría encarnado por Jack Nicholson (que, al parecer, llevaba 12 años intentando levantar este proyecto), Michelle Pfeiffer y James Spader, mientras que el reparto de secundarios se completaría con algunos actores de la talla de Christopher Plummmer y el siempre genial Richard Jenkins. Para dirigir esta película se escogió a un realizador no del todo idóneo para llevarlo a cabo (sobretodo si miramos el resto de su filmografía alejada del género terrorífico), Mike Nichols, pero que aún así consiguió un resultado más que aceptable, evitando que la débil historia hiciera aguas estrepitosamente. El libreto por su parte viene firmado por el guionista y escritor Jim Harrison (Venganza, Leyendas de pasión) y el guionista Wesley Strick (El cabo del miedo), y nos cuenta la historia de Will Randall (Nicholson), el editor jefe de una editorial que es mordido por un lobo durante una noche de luna llena (una noche en la cual, la luna está más cerca de la Tierra de lo normal) y verá como comenzará a desarrollar cualidades tales como un olfato y un oído finísimo, amén de un aspecto jovial y una entrega en la cama fuera de lo común. Pero por otro lado verá como su amigo y aprendiz Stewart Swinton (Spader) no sólo le roba el puesto de trabajo sino que además se la pegará con su mujer. Entonces el lado más feroz de Randall emergerá y marcará su territorio como un perro (antológica la meada a Spader en los urinarios), pero pronto comenzará a preocuparse cuando descubra que todos esos poderes que ha adquirido tienen su vertiente más peligrosa las noches de luna llena, sobretodo tras la aparición de su ex mujer muerta debido a los ataques de lo que parece ser una bestia salvaje. Convencido de que puede ser un hombre lobo, Randall decide ir a visitar al profesor experto en ocultismo, Dr. Alezais (Om Puri), y éste le entregará un collar de plata para evitar que su lado animal emerja durante los plenilunios. Pero además Randall contará con la ayuda de la bella (y gamberrota) Laura Alden (Pfeiffer).


Pese a que muchos parecen no ver con demasiados buenos ojos esta película, Lobo nos ofrece una digna muestra de licantropía bastante original y llena de puntos muy interesantes. Gracias a Lobo sabemos que no es necesario ser mordido por un hombre lobo para que la maldición sea transmitida, tan sólo basta la “esencia” del alobado para ser contagiado. Buena prueba de ello lo vemos al final de la cinta cuando nos percatamos que la Pfeiffer se ha convertido en una mujer loba sin que previamente haya sido atacada por ninguno de los dos licántropos que pululan por la película. Esto nos hace entrever que, quizás, una persona también puede convertirse en un lobo si mantiene relaciones sexuales con un licántropo, como es el caso del personaje de la Pfeiffer - macarra y marrana como nunca, pero recatada como de costumbre -, que mantiene una noche de sexo loco con un sufrido Nicholson. Pero también hay otros aspectos curiosos, como por ejemplo descubrir que en la zona mordida crecen unos minúsculos pelos o que, aún no habiéndose transformado en lobo, nuestro protagonista adquiere los poderes propios de la bestia, tales como una gran agilidad y un extraordinario olfato y oído. También llama la atención la utilización de un collar de plata con un extraño grabado para, tal y como apuntábamos anteriormente, impedir que la parte animal emerja del alobado durante las noches de plenilunio. En este punto resulta interesante el hecho de que además haya una persona – para la ocasión la enamorada del protagonista, la Pfeiffer - que se encargue de encerrar a la bestia con tal de que no haga daño a ningún ser humano, pues esa figura veladora también la hemos visto cientos de veces en las producciones daninskianas.


Pese a que los hay que tildan la película de impersonal y (su último tramo) de film de serie B (con presupuesto mainstream), lo más evidente es que Lobo, pese a sus defectos, es todo un clásico contemporáneo que arroja un punto de vista muy interesante al ya desgastado cine de licántropos. Desde luego, no consiguió reanudar el vuelo de este subgénero, pero que no se diga que no se intentó. Las actuaciones son impecables y el maquillaje de Rick Baker (más limitado y austero que de costumbre con tal de que la estrella pudiera ser reconocible), cumple su acometido con creces. Y qué decir de la excelente banda sonora de Ennio Morricone… Genial…



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