“Ningún hombre conoce lo malo que es hasta que no ha tratado de esforzarse por dejar de serlo”. Clive Staples Lewis.

domingo, 14 de marzo de 2010

The Undying Monster (1942)


A menudo se suelen menospreciar algunos films por su falta de pretensiones o su aparente superficialidad, este es el caso de The Undying Monster, película que la Fox utilizó como contraataque a El Hombre Lobo de la Universal estrenada un año antes. Claro ejemplo de ello (como bien dice Diaz-Maroto en su gran libro Los Hombres Lobo en el Cine) es una frase que se dice en la película: “Cuando las estrellas brillen en la noche helada, cuidaos de adentraros en la rocosa vereda”. Con dicha frase se intenta suplantar la frase que aparecía en el guión de Curt Siodmak en el El Hombre Lobo: "Incluso un hombre puro de corazón y que reza sus plegarias por la noche, puede convertirse en lobo, cuando el acónito florece y la luna de otoño brilla". (Aunque contra esta frase poca cosa se puede hacer, ya que es simplemente genial). Estoy de acuerdo en que el guión es algo flojo y que la trama (una vez más como en tantas otras películas de la época) se resuelve de una manera precipitada casi cayendo en el ridículo, y a eso también hay que añadir unos personajes bastante caricaturescos y poco creíbles. Pero nadie puede negar que el trabajo de John Brahm es correctisimo y que el trabajo de Lucien Ballard es inmejorable. Ballard fue director de fotografía de las grandes films como Grupo Salvaje (S. Peckinpah, 1969) y mi admirada Asesinato por contrato (Irving Lerner, 1958), entre otras muchas, y con está película saca todo el jugo a un decorado espectacular (en el que encontramos a Richard Day, ganador de 7 Oscars) lleno de arboles grotescos y de una niebla fina que mejora la historia que se cuenta.

The Undying Monster trata sobre un tipo (John Howard) que vive atormentado por una leyenda que dice que una extraña maldición ancestral se cierne sobre su familia. Dicha maldición le hace pensar que es un hombre lobo y tras haberse cometido un asesinato en los alrededores, sus peores temores se hacen realidad. ¿Será él un verdadero hombre lobo o se trata de alguien que intenta utilizar esta maldición para aprovecharse...?

Obviando que el guión resulta bastante flojo, que pierde fuelle a medida que pasa el metraje, y obviando incluso que se nos intenta sorprender con una absurda vuelta de tuerca allá al final de la película, la potente mirada que Brahm otorga al film, dotandole (como buen alemán) de un aire expresionista, hacen de esta película todo un clásico, y la última escena en la que vemos al personaje que interpreta Howard, convertido en hombre lobo mediante el método matte painting en lo alto de un acantilado, es una escena tan espeluznante y a la vez tan bella, que todos los pecados cometidos en la película y antes nombrados se nos olvidan por completo (¡y sobretodo porque la película en sí, es entretenidisima!). En The Undying Monster, al igual que La Maldición del Hombre Lobo de Terence Fisher, solo podemos disfrutar del licántropo en pantalla al final de la película, aunque en la película que nos ocupa ahora mismo, la aparición es casi anecdótica (creo que como mucho sale medio minuto en pantalla).

En fin, el caso es que esta brillante película se editará en DVD este mes (todavía no sé el día) por Absolute, la distribuidora responsable de la edición de perlas como: The Brain that wouldn't die o Teenagers from outer space, en su colección: "Lo mejor y lo peor del cine de ciencia ficción".

Titulo original: The Undying Monster (USA, 1942)
Director: John Brahm.
Guión: Lillie Hayward & Michael Jacoby sobre una novela de Jessie Douglas Kerruish.
Actores: John Howard, Heather Angel, James Ellison...

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